Tip  de belleza Natura®: Hidratación
Consejos de Hogar

Tip de belleza Natura®: Hidratación

Por Kiwilimón - Marzo 2012
Sabías que: Para elegir un producto para la piel que vaya de acuerdo a nuestras necesidades, es necesario saber la diferencia entre hidratantes corporales, hidratantes de baño y aceites corporales. Cada uno de ellos ofrece una manera de hidratación distinta
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Esta temporada está cayendo como cubetada de agua fría, sobre todo con el retorno al semáforo rojo. Las interrogantes son demasiadas: ¿Tendremos Navidad? ¿Cuántos seremos? ¿Cocinamos o pedimos? ¿Cuánto gastaremos? Y mientras dudamos de todo y de todos, hay algo que no podemos perder. Puede que seamos dos en la mesa, pero ¿por qué privarnos también de nuestro pavo con gravy, de nuestros tamales, de aquello que ansiamos probar? Aun con todo, es Navidad. La celebración es la fecha misma como también la comida que se sirve a la mesa y el amor que nos damos. Habremos de convivir con el núcleo más cercano por las próximas semanas sin siquiera sacar la mano por la ventana. La celebración –ésta y la de vivir– no tiene que ver con lo que pasa afuera como con el acto de agradecer y bendecir. Las Navidades son extrañas, no lo niego. Casi siempre tienen algo agridulce –excepto cuando eres niño y todo es jugar con los primos y descubrir qué regalo se esconde bajo la envoltura–. Por ellos, por nosotros: merecemos una Navidad como ninguna otra. Esta vez seremos los elementales y bastará.La comida nos salvará más que nunca. Para ello habremos de cocinar con alegría y ponerle intención a la comida; llenarla de eso que nos deseamos a nosotros y a la familia. Nos reuniremos alrededor de un pavo horneado con amor, de esa pasta por la que esperamos un año entero y que nos sabe a paz. Nos tomaremos un momento para agradecer lo que sí tenemos: la abuelita que aún sonríe en un extremo de la mesa, la ensalada de manzana que este año quedó más rica, la hermosa llegada de Ana a la familia, el olor a pay de manzana que llena la casa.Dicen que la comida no hace milagros –o sí, aunque nadie lo ha documentado– pero es el vínculo más inmediato con la vida. Cenar rico puede hacernos olvidar el miedo. Además, como en las películas, puede ser el inicio de nuestro propio cuento navideño al que probablemente le falten los villancicos, la nieve o la gente, pero le sobre emoción.Y si todavía no están convencidos de que la comida salva les quiero compartir mi propia historia de Navidad, una en la que un plato de bacalao me devolvió la esperanza. Y sí, ya les conté el final.**************El aroma del bacalao siempre me lleva a ese veintidós de diciembre en el que mi mamá y mi tía cocinaban varios platillos a la vez. Mi abuelita llevaba dos semanas grave. Ellas, tan expertas en la cocina, flaqueaban casi imperceptiblemente: a veces se les caían cosas al piso, se les olvidaba poner ingredientes, los intercambiaban. La tristeza no le impediría a la familia Molina celebrar la Noche Vieja.En esa cocina las ollas sobre el fuego eran la única señal de vida. La de barro llevaba horas borboteando. Como cada año, era tan grande que le cabía bacalao para alimentar a más de quince durante la cena y el recalentado y rellenar un bote de yogurt para que cada familia se llevara. De la cazuela emanaba el olor a los ajos fritos en el aceite, el sofrito de jitomate con las cebollas y las aceitunas, al pescado previamente desalado. En otras palabras, olía a Navidad. Mi abuelita mientras tanto estaba en su cuarto. No lo sabíamos, pero le restaban unas pocas horas de vida. Recuerdo que entre la pelada de papas y manzanas me escabullí de mis labores de cortadora oficial para ir a verla. Apenas entré, la vi enderezada. Algo la tenía en alerta y mi corazón lo sintió. Mi abuelita inspiró profundamente y con voz grave desde su cama me dijo: –“Dile a tu mamá que a ese bacalao le hace falta sal”. Confieso que me quise reír. Nunca vi venir esa afirmación y menos en el contexto. Para mí, no hay un momento de más lucidez.Corrí hasta la cocina, llegué al bacalao. Tomé una cucharada y ¡rayos!, efectivamente le hacía falta sabor. Tomé un par de puñitos de sal y los fui integrando hasta sentir que estaba en su punto. Noté que el olor cambió. Ella lo sabía: conocía a la perfección a qué debe oler un bacalao hecho para sacar suspiros.Esa tarde mi abuela se devoró una torta de bacalao. Fue lo último que pidió. El veinticuatro pasamos la Navidad como pudimos, ya sin ella. A penas en el recalentado me entraron ganas de volver a probar el guiso. A la primera mordida conecté con la esperanza, con el legado de mi abuelita, con eso que resultó ser mi última experiencia con ella. En ese momento tuve una revelación: quería que la cocina y la comida se convirtieran en mi vínculo con la vida y con mis ancestras. A los pocos meses dejé mi trabajo y diez años después, me dedico plenamente a la comida. La comida del corazón salva, cura, da esperanza. Y eso es justo lo que deseo para ustedes: que haga su magia en sus mesas, en su noche, en sus días. ¡Feliz Navidad!
Una campanada, una uva y un deseo es una tradición de fin de año que cada 31 de diciembre nos atraganta, pero que al mismo tiempo es uno de los rituales de año nuevo favoritos por todo lo que representa, e incluso mágico, porque lo hacemos en la mística medianoche y el número 12 se repite: 12 campanadas, 12 de la noche, 12 meses, 12 uvas, 12 deseos.Porque si sacar las maletas nos asegura un viaje en el año que inicia, las uvas garantizan comenzar el año con metas, anhelos positivos para una nueva temporada, además de un poco de adrenalina y mucha diversión, por ver quién si puede seguirle el paso a las uvas y las campanadas.Pero esta tradición ya bastante extendida en América Latina es en realidad originaria de España. Su historia, de acuerdo con el libro España, del periodista Jeff Koehler, tiene dos posibles teorías. Una situada en el siglo XIX y la segunda, a principios del siglo XX.La primera teoría tiene que ver con los burgueses españoles imitando a los burgueses franceses, cuya celebración de víspera de año nuevo era comer uvas y tomar vino espumoso. De ahí, la costumbre pasó a los madrileños, que iban a la Puerta del Sol a oír las campanadas de la medianoche y comer uvas, como la clase alta, pero con ironía y como burla.La otra se remonta al siglo XX, cuando los productores de Aledo, en Alicante, tuvieron un excedente en su cosecha de uvas blancas y decidieron venderlas a un bajo precio. Estas uvas son actualmente tan famosas, que se conocen como las uvas “de la buena suerte” e incluso se venden en Aledo paquetes de 12 en envases especiales para recibir el Año Nuevo.Empezar el año con buenos deseos siempre es una buena forma de inspirarte y decretar prosperidad para el nuevo ciclo que se inicia, así que si comes uvas o no, la fiesta de Año Nuevo siempre contagia su optimismo y nosotros también queremos compartirlo contigo con 12 consejos para recibir el nuevo año.
Los boricuas son conocidos por degustar de sabores dulces, es por eso que dentro de la cocina puertorriqueña no pueden faltar los postres y dulces típicos. Prepárate para viajar a la isla a través de los mejores postres de la gastronomía de Puerto Rico. Majarete El majarete boricua es un delicioso postre muy parecido al flan, el cual está elaborado con harina de arroz, azúcar, clavo, canela, vainilla, anís estrellado, nuez moscada, hojas de naranja, leche de coco, y leche o crema de coco. Algunas personas lo acompañan con jengibre o bombones. Coquito El coquito, famoso en la gastronomía de Puerto Rico por consumirse en Navidad, es un licor hecho con crema de coco, ron blanco, leche evaporada, leche condensada, canela y vainilla. Puede funcionar como un gran postre pero hay que tener cuidado porque llega a tener gasta 55 grados de alcohol. Tembleque boricua El tembleque es un budín, generalmente hecho de coco, se caracteriza por tener un dulce aroma de canela y una consistencia blanda y cremosa de color blanco. ¡Es ideal para los amantes del coco! Flancocho El flancocho es como el pastel imposible de la gastronomía de Puerto Rico, ya que combina lo mejor del flan con el bizcocho de los pasteles pero sin duda, su sabor, cremosidad y esponjosidad son dignos de presumir. Crema de maizena La cremita de maizena de Puerto Rico es un postre dulce que se prepara en casa para consentir a la familia; generalmente se consume en las mañanas y se hace con leche, maizena, huevo, azúcar y una pizca de sal. ¿Se te figura a algún postre mexicano? ¿Cuántos postres de la gastronomía de Puerto Rico se te antojaron?
Tres rincones mexicanos con el encanto democrático de comer algo único, rico y a buen precio. Estas son las paradas obligadas para cualquier viajero que disfrute la comida urbana. Tortas del Wash Mobile, TijuanaTijuana es la tierra de los tacos de asada. Desde la Avenida Revolución hasta la carretera que va a Rosarito, encontrarás grandes taquerías. Sin embargo, lo que es taco también puede ser torta y el gran hallazgo de esta combinación ganadora lo tiene Juan Manuel Hernández, quien en 1964 instaló su taquería en el autolavado más concurrido de Tijuana. Un día preparó su porción de asada en una telera con mayonesa, jitomate, cebolla y aguacate, y al probarla descubrió que ese sería el giro de su negocio. Las míticas tortas Wash Mobile siguen en manos de sus hijos, quienes han expandido el negocio con nuevas sucursales, conservando el mismo sabor delicioso de la receta de su padre. Es un reto abordar la emblemática torta de Tijuana tanto por su tamaño como por el jugo que desborda.Dirección: Av. Jalisco 2424, Centro, 22040 Tijuana, B.CMariscos El Güero, Ensenada Sobre el Boulevard Costero de Ensenada encontrarás El Güero, una carreta de mariscos con un producto que desborda frescura. Tienen ceviches, cocteles, aguachiles, tostadas y conchas. Las tostadas son mis favoritas, hay de aguachile, camarón, ceviche de calamar e incluso unas especiales en las que la combinación de mariscos es a tu gusto. Su salsa de la casa le dará un toque picosito perfecto a tus mariscos. Encuéntralo en Mariscos El Guero Ensenada Dirección: Alvarado y Lázaro Cárdenas, Ensenada, Baja California 22870 Los burritos de Villa Ahumada, Chihuahua Los mejores burritos montados con queso asadero y guisado son los de Villa Ahumada. Se encuentran sobre la carretera Panamericana, muy cerca de Ciudad Juárez y a una hora y media de Chihuahua, con un servicio de 24 horas. Entre los guisados que puedes elegir para tus burritos están su res con papas y chile rojo o la versión en verde, de frijol, chicharrón de pella con chile verde, de chile chilaca relleno o de chile pasado. Si te gustan los burritos no probarás otros iguales a estos. Dirección: Carretera Panamericana (federal 45). Villa Ahumada, Chihuahua.
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