La herramienta para hacer cheesecakes y smoothies perfectos
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La herramienta para hacer cheesecakes y smoothies perfectos

Por Kiwilimón - Noviembre 2020
Tener una buena licuadora en casa es la mejor decisión, pues este electrodoméstico se ha convertido en un básico para las cocinas ya que nos ayuda a acortar tiempos en las mañanas, para el desayuno; en las tardes, a la hora de la comida, o hasta cuando queremos hacer un postre.

Por ejemplo, si lo tuyo es lo práctico y nutritivo, los smoothies serán tu mejor aliado por la mañana, solo necesitas una licuadora que sea efectiva para picar el hielo de manera óptima y rápida.

Pero además de picar hielo, los beneficios de elegir una buena licuadora llegan hasta adecuarse a los ingredientes que estás licuando y mantener una velocidad ideal para que todo quede perfectamente bien mezclado.

Así que si quisieras hacer un postre, como este cheesecake sencillo de yoghurt con mandarina en menos de una hora, una licuadora como la KitchenAid K150 sería muy útil, pues con su función Soft Start el motor arranca a una velocidad más lenta para llevar los gajos de mandarina hacia las cuchillas, sin salpicar la leche y el yoghurt mientras los mezcla.



Por otra parte, su control de motor Intellispeed detecta en automático el contenido, para así mantener la velocidad adecuada y darte como resultado una mezcla para cheesecake tersa y homogénea que sólo necesitará de un rato en el refrigerador para cuajar y estar lista.

Esta licuadora KitchenAid K150 tiene muchas cualidades que la distinguen del resto, como su jarra resistente de policarbonato que rinde para 1.4 litros, muy útil si estás preparando algo para toda la familia, o su vaso individual para que no tengas que lavar toda la jarra en las mañanas, después de solo hacerte un licuado o smoothie, además de que cuenta con una función de ajuste para triturar hielo en menos de 10 segundos.

Ya sea que busques el frappé casero perfecto o quieras tener mezclas, para sopas, salsas o postres, perfectas, esta licuadora podría ser la mejor elección para ti, encuéntrala hoy en Liverpool.
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Mi papá dejó de comer carne hace treinta y ocho años. Según como lo cuenta mi mamá, un domingo en una comida familiar, y después de devorarse media vaca, mi papá se secó el sudor de la frente y dijo algo como: “Última vez que como carne”. Todos se rieron del comentario que consideraron un chiste; algo como el “no lo vuelvo a hacer” que suele acompañar la resaca. Para él fue una promesa. Hoy en su lista de razones por las que se volvió vegetariano resuenan palabras como “compromiso”, “karma”, “respeto por la naturaleza”. Ser vegetariano no es algo que aparece por generación espontánea; la decisión tiene que ver con las convicciones, con la filosofía personal. ¿Y qué más personal que la forma de comer? La alimentación casi siempre está ligada a la cultura, a la leche materna, a la comida de casa. En la mía –la de ustedes, pues–, el menú era un subibaja incluyente y casi siempre quesocéntrico: flautas de papa con queso y de pollo, pozole de hongos y de carne, mole con y sin carne. Pero para la mayoría, el vegetarianismo sigue siendo un tabú. ¿Una vida sin carne? ¿Ni pollito, ni huevito, ni pescadito? Una de las nutriólogas de casa, Mayte Martín del Campo, nos dice que existen distintos niveles de restricción en las dietas sin carne: “Los vegetarianos normalmente sí consumen ciertos productos de origen animal como leche, yogurt, huevo, pescado (si comen estos dos últimos se les denomina ovo o pescetarianos). Lo que generalmente suprimen son las carnes rojas y las aves. Por otro lado, los veganos no consumen productos de origen animal”. La cuestión es, ¿por qué alguien quisiera vivir sin carne? Existen cocineros como el máster Dan Barber del restaurante Blue Hill at Stone Barns que afirman que disminuir la porción de la carne en nuestro plato semanal es la única forma sustentable de enfrentar el cambio climático, de disminuir la contaminación de nitrógeno en la tierra y de frenar el deterioro de los suelos. En algunas vertientes del budismo, el vegetarianismo está indicado como precepto del ahimsa, que quiere decir “la no violencia”, pues afirman que comer carne animal, además de dañar directamente a los seres vivos, constituye una fuente de karma que vendrá por ti en la siguiente vida –para los que creen en las reencarnaciones–. Otros optan por una dieta vegetariana simplemente por un sincero amor a la naturaleza o como un acto incendiario contra la crueldad animal. Hay un punto medio. Autores como Mike Bittman optan por este estilo de vida sin labrarlo sobre piedra: el afamado escritor gastronómico del New York Times acuñó el término flexitarianismo para la dieta que deambula entre la vegetariana (o vegana) y la carnívora alternándola a distintas horas del día o de la semana. Dos comidas sin carne, una con.Personalmente creo que lo que entra al cuerpo es un diálogo que le corresponde a cada corazón y mente. Una decisión propia como llevar el pelo de cierta forma, creer en Santa Claus o elegir la maternidad. Lo cierto es que un trozo de carne tiene una gran cantidad de ácido úrico, fosfórico y sulfúrico; así como colesterol, antibióticos y hormonas, en el caso de la carne que no es orgánica.La tendencia ecológica y saludable del momento es comer carne tan solo una vez por semana. Si se opta por dejarla para siempre, nuestra nutrióloga de casa, Gina Rangel, recomienda suplementarse con vitamina B12, comer hojas verdes y vegetales todos los días, intentar no consumir carbohidratos simples y consumir fuentes de proteína vegetal: quinoa, frijoles, tofu, semillas, nueces, además de huevo y queso.Nuestra nutrióloga Jennifer Asencio afirma que los beneficios que puede aportar una dieta vegetariana son “un bajo aporte de grasas saturadas, bajo aporte de colesterol y, si se sabe combinar los cereales con las leguminosas, se obtendrá una proteína de muy buena calidad sin necesidad de recurrir a los suplementos”. Eso sí, ella afirma que entre más restrictiva sea una dieta sin carne, mayor será el riesgo de quedarse sin micronutrientes, Omega3, vitamina B12, calcio, hierro y vitamina D, por lo que hay que estar atentos al cuerpo y consultar a un especialista. Lo importante, como siempre, es aprender a combinar adecuadamente los alimentos y recordar que no por llevar una dieta vegetariana o vegana se es más saludable. Hay que evitar llenarnos los vacíos con kilos de pasta, comida grasosa o chatarra y consumir ingredientes de buena calidad nutricional.Si quieres algunas ideas que te ayuden a seguir una dieta vegetariana aquí hay una sección completa con recetas que te van a encantar.
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La temporada de cuaresma es perfecta para experimentar con platillos del mar y su mejor maridaje siempre será con cerveza. Ésta resaltará los sabores y notas de este tipo de preparaciones, por lo que reunimos una guía de cinco cervezas mexicanas para que le saques jugo a esta rica temporada: Mareta, joya tropicalDe Cervecería La Costa, esta cerveza estilo pale lager presenta increíbles aromas y sabores cítricos y herbales en cada trago. Es una cerveza refrescante con sutiles notas florales que acompañará perfecto tu siguiente mariscada, ya sea en cócteles, aguachiles o ceviches. Sugoi, una cerveza fusión Se trata de una ale clara producida por Monstruo de Agua, la cual tiene en boca un sabor cítrico ligeramente mieloso, seguido de un amargor herbal que termina con notas de jengibre y té de limón. Sugoi es una palabra japonesa que se puede traducir al slang chilango como "chidísimo", pues sus cerveceros quieren reconocer los ingredientes de Asia que usamos en México. Esta cerveza refrescante y fácil de beber combinará magistralmente con una tostada de atún, calamares en su tinta o un taco gobernador. Cerveza Rrëy White, la regia refrescante Producida por Cerveza Rrëy, de Monterrey, es un estilo White, elaborado con cáscara de naranja, cilantro y levadura belga. Tiene notas de miel y cítricos, lo que la hacen la cerveza perfecta para acompañar platillos hechos a base de salmón o bien pescados con salsas ácidas. Polaris, para las tardes de calorEs una pacific pale ale producida por Cervecería Tres Casas. Está elaborada con malta de cebada y trigo, y solamente un tipo de lúpulo que le da un aroma tropical con toques frutales y notas cítricas. Tiene un sabor fresco y cuerpo ligero, ideal para maridar con un buen aguachile de camarón o unas pescadillas. Haka Negui Consup, exótica tribal De la cervecería jalisciense Tiny Bastards en colaboración con cervecería Gardenia, es una cerveza estilo new zealand pilsner. Sus maestros cerveceros la describen como exótica con personalidad tribal, porque su estilo está inspirado en las cervezas Czech Pilsner pero con lúpulos de Nueva Zelanda. Es fresca y fácil de tomar, perfecta para acompañar ensaladas o arroces con mariscos. 
Entrar a la tienda. Enfrentarse a un tótem de anaqueles. Las botellas apiladas, una sobre otra, producen vértigo. Las hay rosas, blancas, negras, verdes… ¿en serio, verdes? Las hay paradas, las hay acostadas. Las etiquetas que las nombran son aburridas, la mayoría. No importa. Con castillos o con diseños hípster: ninguna parece develar el sabor que resguardan. “¿Por qué, nadie me viene a ayudar?”, te preguntas. “No, mejor que nadie venga”, te respondes.Sí, todos hemos estado ahí, en ese momento incómodo en el que debemos escoger un vino que nos va a costar y que, o puede ser un chasco o la proeza más grande de la cena. La moneda gira en el aire. Tenemos miedo o nos sentimos avergonzados como si saber de vinos fuera nuestra obligación.No diré que escoger una botella, aun para alguien letrado en el tema, sea algo sencillo. A veces simplemente uno no puede escaparse de San Google antes de tomar a un vino por los cuernos. Pero no todo está perdido. Hay algunos indicadores que te pueden guiar razonablemente en esa rara decisión de compra. 1. El precio. Cierto, no siempre es un indicador de calidad. Apuntaría, sin embargo, que aquí hay una cuestión numérica. Considera los impuestos, los gastos del viaje, los kilómetros: si viene de lejos y cuesta barato, no me fiaría. En vinos mexicanos la cosa cambia porque mayormente las bodegas que ofrecen vinos baratos son empresas de buen volumen que se toman la hechura con respeto. Por aquí puede haber buenas opciones: Monte Xanic, Santo Tomás, L.A. Cetto.2. La región. Aprender las minucias de las regiones vitivinícolas te tomaría varios años de estudio, sin embargo, existen denominaciones de origen que son bastante estrictas en sus regulaciones de calidad. Tal es el caso de Ribera del Duero, el Friuli, Montepulciano d’Abruzzo, Rueda, Albariño, los vinhos verdes de Portugal, Sonoma, por mencionar algunas. A mí personalmente me encanta lo que se hace en Parras, Coahuila. Pocas veces he fallado. 3. La uva. Un sabio dijo: “hay de todo en la viña del Señor”. En las viñas del mundo sucede lo mismo. La opción de bajo riesgo es que, cuando pruebes un vino que te guste, anotes el nombre de la uva (y de la etiqueta, claro). Así en la tienda tendrás un punto de partida. Si te inclinas por explorar opciones de tu cepa favorita, recuerda que cada varietal se desarrolla mejor en una región que en otra. ¿Ejemplos? La pinot noir en Burdeos o Sonoma. La tempranillo, en Ribera del Duero; la syrah, en Australia (mejor si es del valle de Barossa); la malbec, de Mendoza en Argentina; la riesling, en Austria y Alemania; la pinot gris, en el Friuli; la nebbiolo, en el Valle de Guadalupe, y la semillón, en Aguascalientes. Todo con sus excepciones y reservas.4. Los premios.Odio decir que los premios importan porque, cuántas veces nos hemos decepcionado en los Óscar. En los vinos sucede igual, sin embargo, puede ser un punto de partida interesante. Allá fuera existe una serie de listas hechas por conocedores que catan a ciegas. Diría que a las que hay que prestar atención son el Concours Mondial de Bruxelles, Decanter World Wine Awards, la Guía Peñín, las puntuaciones Parker y Wine Spectator. En el caso de México, a mí me gusta la selección que hace Rodolfo Gerschman en su guía Catadores del vino mexicano. Que cómo te vas a enterar que un vino tiene premios, generalmente las botellas cuentan con un distintivo o calcomanía de la medalla que ganaron. 5. Sigue nuestras recomendaciones mensuales. En Kiwilimón te damos a conocer sobre nuestras cepas favoritas, sobre los vinos que ya hemos probado y que nos encantan. Un rosado sutil y de buena acidez es el Izadi Larrosa de la Rioja; si te quieres inclinar por algo nuevo de Parras, Coahuila, vete por el cabernet-shiraz de Hacienda Florida con sus notas a frutos negros. El malbec mendocino y especiado de Trumpeter nunca falla y, si lo que buscas es un Ribera del Duero de perfil fresco, Flores de Callejo y sus notas a confitería te gustarán.6. Experimenta.Nada como el hermoso aprendizaje Montessori vinícola de probar y fallar, de probar y acertar. ¿La viste y te vibró? Inténtalo. De un mal sorbo nadie pasará y al final, si la comida fue buena, tu experiencia también lo será. 
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