Si tu propósito es hacer ejercicio, estos 7 trucos te facilitarán cumplirlos
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Si tu propósito es hacer ejercicio, estos 7 trucos te facilitarán cumplirlos

Por Kiwilimón - Enero 2017
La cuesta de enero no es nada fácil, se necesita fuerza de voluntad y mucho esfuerzo para empezar a perder esos kilitos de más que llegaron con las fiestas. Por suerte hay maneras de hacerlo más fácil, pequeños detalles que sin duda pueden ayudarte a lograr entrar en forma de nuevo. Lo mejor es que no tiene que ver con dietas ni restricciones, sino con incentivos que harán que quieras salir a ejercitarte.

Compra ropa nueva de ejercicio

A todos nos gusta estrenar prendas, así que te recomendamos que aproveches las súper ofertas de enero y vayas a las tiendas por un conjunto o dos en los que te sientas a gusto para hacer ejercicio. La motivación de usar tus nuevas compras seguro te levantará de la cama. via GIPHY

Encuentra una pareja

Ejercitarse es mucho más fácil si te estás divirtiendo. Nada como una buena amiga que te acompañe a hacer ejercicio para que se motiven entre las dos y ambas vean resultados. Ir solo puede ser desmotivante para muchos, así que si consigues una pareja de entrenamiento será mucho más fácil. via GIPHY

Prepárate la noche anterior

Parece broma pero muchas veces nos desanima hacer la maleta y el licuado antes del ejercicio, pero si logras dejar tu ropa ya lista y hacerte un smoothie delicioso que se te antoje desde la noche anterior entonces no tendrás excusas para levantarte e ir al gimnasio. via GIPHY

Ve por las noches

Es un mito que tienes que madrugar para hacer ejercicio, si tu trabajo no te permite ir temprano no pasa nada. Aprovecha los horarios nocturnos que tienen todos los clubs y gimnasios para que no interfiera con tu chamba. Lo mejor es que llegarás cansada a casa y dormirás profundamente. via GIPHY

Crea una playlist cada semana

Una de las mejores experiencias que puedes tener haciendo ejercicio es cuando esa canción indicada entra en el momento exacto. Escuchar música que te gusta mientras corres o en el gimnasio es un gran motivante, así que mantén tu lista actualizada para mantenerte con un ritmo anímico alto. via GIPHY Aquí van unas listas de Spotify que deben estar en tu biblioteca para hacer ejercicio:

Recetas

Y por supuesto, gran parte de ponerte en forma es llevar una dieta sana y balanceada. Aquí te dejamos algunos platillos que pueden serte muy útiles:  
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Uno de los grandes atractivos de la famosa dieta keto es que no tienes que limitar tu consumo de grasas, pero hay de grasas a grasas y buscar las buenas y las más adecuadas para esta dieta será lo óptimo para llevarla a cabo con éxito. Sí, aunque parece fácil sólo comer queso, mantequilla o poder usar cualquier aceite, es un poco más complejo que eso, porque lo ideal es elegir las grasas buenas que le servirán más a tu cuerpo. Por ejemplo, las grasas saturadas (como la mantequilla y el aceite de coco) están bien con moderación, pero también pueden elevar tus niveles de colesterol LDL (también conocido como el colesterol malo), además de los buenos niveles de colesterol HDL. Por su parte, las grasas trans (las que se encuentran en cosas fritas) nunca son una buena idea; en realidad, elevan los niveles de colesterol LDL (el tipo malo), al mismo tiempo que reducen los del colesterol HDL. Es por eso que lo mejor es aferrarte con todo a las grasas buenas, también conocidas como poli o insaturadas (mezclando grasas saturadas ocasionalmente), para mantener los  niveles de colesterol bajo control y aun así perder peso siguiendo la dieta keto.  A continuación, te mencionamos algunas de las mejores fuentes de grasas para consumir en la dieta cetogénica. Aceite de aguacate El aceite de aguacate (o incluso los aguacates en general) está repleto de ácidos grasos saludables para el corazón. El aceite de aguacate también tiene un alto punto de humo, lo que lo convierte en una excelente opción para cocinar y freír a fuego alto. Aceite de coco En los últimos años, el aceite de coco se ha vuelto muy popular para todo, desde para cocinar hasta para problemas de la piel. En la cocina, el aceite de coco proporciona una dosis sólida de ácido láurico, un nutriente que estimula el sistema inmunológico y es un excelente sustituto de la mantequilla, pero sigue siendo una grasa saturada, así que trata de no comerla en absolutamente todo. Aceite de oliva Es muy probable que el aceite de oliva o aceite de oliva virgen extra haya estado en tu despensa incluso antes de la dieta keto, porque es fácil de usar para cocinar o saltear, pero también como aderezo para ensaladas o sobre verduras recién asadas. Otro beneficio de esto es que combinar el aceite de oliva con verduras ayuda al cuerpo a absorber más fácilmente ciertas vitaminas, como A, D, E y K. Aceite de canola El aceite de canola es un alimento básico de la cocina y hay una buena razón para tenerlo a la mano si sigues la dieta cetogénica: su ligero sabor no sólo lo convierte en una gran opción para freír o saltear, sino que también contiene una dosis moderada de omega-3, por lo que es beneficioso para todos. Mantequilla Con esta opción que hace de la dieta keto más atractiva sólo tienes que asegurarte de elegir una mantequilla de alta calidad, que sea más rica en ácidos grasos omega-3. Sin embargo, la mantequilla sigue siendo una grasa saturada, por lo que es importante usarla con menos frecuencia que otras grasas insaturadas. 
El precio del gas va cada día en aumento y si eres de los que se preocupan por su economía, entonces esto te interesa. Aprende cómo puedes aligerar tus gastos mensuales con estos consejos sencillos consejos sobre cómo ahorrar gas en la cocina. 1. Limpia tu estufa correctamente Además de ser imprescindible para la higiene y tu salud, limpiar correctamente la estufa te ayudará a asegurarte de que los quemadores estén libres de obstrucciones, especialmente de grasa acumulada y hollín. Cuando estos se tapan, se produce una mala combustión y esto ocasiona un mayor gasto energético de gas, así que asegúrate de limpiar bien los quemadores de tu estufa. 2. Utiliza ollas y sartenes de acero Procura utilizar ollas y sartenes que estén hechos de acero inoxidable, ya que este material es un excelente conductor de calor y te ayudará a usar menos gas al cocinar, a diferencia del barro y el hierro. Recuerda limpiar bien estos utensilios, ya que además de alargar su tiempo de vida, ayudarán a calentar más rápido tu comida. 3. Tapa las ollas No olvides tapar las ollas cuando estés cocinando tus alimentos, pues te ayudará a tener una cocción más rápida, concentrar mejor los sabores y aromas de la preparación, y por supuesto, ahorrarás mayor cantidad de gas. 4. Mantén un buen nivel de temperatura Puedes iniciar la cocción de tus alimentos con fuego alto e irlo bajando conforme avance tu proceso de cocina. De hecho, es recomendable apagar la lumbre cuando tus alimentos estén casi cocinados y así dejar que se terminen de preparar con el calor restante. 5. Prepara los ingredientes antes de cocinar Muchas veces desperdiciamos gas al dejar la estufa prendida mientras esperamos que los alimentos se terminen de descongelar o mientras los lavamos, picamos y pelamos. Olvídate de esa vieja costumbre y mejor haz todos esos pasos primero para que cuando calientes tus ollas y sartenes, sólo sea cosa de cocer, mezclar y sazonar sin perder más tiempo y energías. 6. Cocina en grandes cantidades Otro consejo infalible para ahorrar gas es cocinar en tandas grandes, ya que si preparas los guisados de toda la semana o toda tu comida del día, puedes recalentarla rápidamente sin tener que volver a utilizar tanto gas. 7. Utiliza ollas a presión Piérdele el miedo a la olla de presión y aprovecha todos sus beneficios para cocinar tus alimentos, pues ésta cocina los alimentos mucho más rápido y ahorra hasta un 50% de gas. 8. Regula el uso del horno Cuando utilices el horno de tu estufa, procura abrirlo lo menos posible. Cada vez que se abre el horno aunque sea por unos segundos, se pierde un 20% de calor y esto genera un mayor gasto de gas. ¿Ya aprendiste cómo ahorrar gas en la cocina?
Cuando de comida mexicana se habla, los antojitos, celosos, acaparan la atención. Los puestos callejeros se abarrotan ante comensales hambrientos, críticos gastronómicos ávidos por la nota y fotógrafos listos para captar las imágenes que terminarán en Netflix. No se escapan los banquetes de los comedores familiares tradicionales, los restaurantes de manteles largos que aparecen en las listas gastronómicas del mundo. Junto a ellos, a la vista de todos, pero bajo el sutil velo de la invisibilidad, están los locales que nos dejan encima los olores de la verdadera cocina mexicana: los de la comida corrida, los de las fonditas.Casi siempre, bajo el nombre propio de una mujer –Doña Mari, Doña Margarita, Doña…– las fonditas rotulan la autoría de aquel o aquella que con un presupuesto fijo dan color a los ingredientes de la canasta básica. Por supuesto, hay excepciones a la regla, como Don Arturo, la fondita que me alimentó por casi siete años mientras trabajaba en Polanco. La comida corrida era diariamente ofrecida por un hombre, Don Rubén, cuyos fideos con crema y su budín de pan servían para amainar las jornadas de todos los publicistas que diariamente buscábamos una dosis del hogar al que pocas veces llegábamos. El planteamiento en las fonditas es básico y por ello, magistral: un pentálogo de paradas culinarias inamovibles que llenan el estómago y la ropa con los humores de las ollas. Aunque el origen es humilde, casi siempre se localizan en las periferias de los mercados, en las zonas populares, en las avenidas con flujo proletario, mayormente alejadas del bullicio turístico.En la comida corrida se sabe que no te irás a ningún lado hasta terminar el menú de pé a pá. “El término corrida es un término español que usamos en México cuando una cosa va detrás de la otra; entonces si una persona habla de corrido es porque dice una cosa y luego otra, y otra más”, comenta el ensayista e historiador gastronómico José N. Iturriaga. Una vez que te instalas, la mesera te servirá una sopa y en seguida, el arroz o la pasta. “En el caso del platillo fuerte te van a preguntar qué quieres porque casi siempre hay opciones”, asegura Iturriaga.La estructura es una institución culinaria que apenas ha cambiado con los años: por un precio que pocas veces rebasa los cien pesos, de la cocina desfilarán una serie de platillos encaminados a saciar el hambre atroz de los estudiantes, del kinestésico trabajador, del ansioso pequeño burgués. Al centro habrá además tortillas o canastas de plástico con bolillo y salsas en cazuelitas. Y es que en la comida corrida todo está dispuesto para reproducir una escena familiar, que se escapa de la gloria celebratoria del sábado o el domingo. “La comida corrida siempre viene con un vaso de aguas frescas que puede ser una limonada o un agua de jamaica, de tamarindo, de sandía, de melón, de alguna fruta de temporada”, comenta Iturriaga. En términos culturales, como todo lo que se cuece en territorio nacional, la comida corrida es fruto del mestizaje. “El primer tiempo es casi siempre una sopa de pasta. Las pastas traídas por los españoles surgen en China algo así como dos siglos antes de la Conquista. Luego, el segundo tiempo, es un arroz que también es de origen chino y que también lo trajeron los españoles. Le pusimos “mexicano” por que tiene un color rojo del jitomate con el que se cocina. El más clásico lleva chicharitos y unos cuadritos de zanahoria.”El platillo fuerte es variable, casi siempre es un guiso y no propiamente un antojito. “No estamos hablando de platillos de mucha elaboración, ya que esos son para ocasiones más festivas. Hablamos de una carnita de puerco en salsa verde con verdolagas, tinga de res con la carnita de la falda de res deshebrada. Cuando llega a haber pescado nos darán algún filetito de mojarra o de esos que compras delgaditos para que rinda mejor”. Eso sí, casi siempre irá empanizado para que sea más llenador.Los que ofrecen opciones fuera del menú casi siempre costarán unos pesos más. Ahí está el huevo o el plátano que decorará en sabor y color al arroz. Y en el fuerte, no falta la reina de la cocina de fondita: la milanesa. “La milanesa debe su nombre a Milán, que hoy es el norte de Italia pero que, en el siglo XIX, era parte del Imperio austrohúngaro. De hecho, las milanesas más famosas del mundo son en Viena, capital de Austria”. El postre irrevocable de la comida corrida es el arroz con leche que casi siempre se cocina con canela. “Toda la canela que se consume en el mundo surge de Ceilán, una isla al sur de Sri Lanka”, completa el licenciado Iturriaga. Pero no falta la gelatina, casi siempre de colores vivos –verdes, naranjas y rojos–, los budines con el pan que se queda de otros días, el pastel de tres leches para los días especiales, como los viernes, en los que la propietaria, si está de buenas, agasajará a sus comensales. La cocina de las fonditas nos hace sentir en casa en pleno ajetreo del día. De la dueña, del encargado, terminamos por hacernos íntimos, conocernos los temperamentos, acostumbrarnos a la experiencia sápida. “Las fonditas resuelven, sobre todo a quienes diario tienen que comer fuera, ya sea que eres un oficinista o estudiante del estrato socio económico de clases medias bajas y de clases de proletarias, y es que en ellas comemos comes como en tu casa”. Hay un tesoro invisible en las ciudades al que le debemos horas periodísticas. Gracias a las sazones de Doña Mari o a Don Rubén o a la doña de nuestra confianza es que se nutren nuestros corazones de una a tres P. M. Sus guisos nos recuerdan que pertenecemos a algo más que a una corporación, que somos seres humanos aún en horario laboral.
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