Tip: Cómo comprar buen pescado
Tips y Consejos

Tip: Cómo comprar buen pescado

Por Kiwilimón - Julio 2011
  Te recomendamos estos pasos al comprar pescado - La piel del pescado fresco tiene un color vivo, sin decoloración - La piel opaca, blanda y la mucosa lechosa indican que es viejo - Los ojos deben ser saltones - Si los ojos están hundidos en el centro, la cornea es blanquecina y la pupila gris, no es recomendable - El pescado fresco no presenta ninguna coloración alrededor de la columna vertebral. Con el tiempo se pone cada vez más roja - El olor es decisivo: el pescado en descomposición tiene un olor semejante al amoníaco; si es fresco, tiene aroma marino Recetas recomendadas con pescado:Tacos de Pescado Frito a la CervezaFilete Sol a la MolineraFilete de Pescado con Champiñones
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Cuando de comida mexicana se habla, los antojitos, celosos, acaparan la atención. Los puestos callejeros se abarrotan ante comensales hambrientos, críticos gastronómicos ávidos por la nota y fotógrafos listos para captar las imágenes que terminarán en Netflix. No se escapan los banquetes de los comedores familiares tradicionales, los restaurantes de manteles largos que aparecen en las listas gastronómicas del mundo. Junto a ellos, a la vista de todos, pero bajo el sutil velo de la invisibilidad, están los locales que nos dejan encima los olores de la verdadera cocina mexicana: los de la comida corrida, los de las fonditas.Casi siempre, bajo el nombre propio de una mujer –Doña Mari, Doña Margarita, Doña…– las fonditas rotulan la autoría de aquel o aquella que con un presupuesto fijo dan color a los ingredientes de la canasta básica. Por supuesto, hay excepciones a la regla, como Don Arturo, la fondita que me alimentó por casi siete años mientras trabajaba en Polanco. La comida corrida era diariamente ofrecida por un hombre, Don Rubén, cuyos fideos con crema y su budín de pan servían para amainar las jornadas de todos los publicistas que diariamente buscábamos una dosis del hogar al que pocas veces llegábamos. El planteamiento en las fonditas es básico y por ello, magistral: un pentálogo de paradas culinarias inamovibles que llenan el estómago y la ropa con los humores de las ollas. Aunque el origen es humilde, casi siempre se localizan en las periferias de los mercados, en las zonas populares, en las avenidas con flujo proletario, mayormente alejadas del bullicio turístico.En la comida corrida se sabe que no te irás a ningún lado hasta terminar el menú de pé a pá. “El término corrida es un término español que usamos en México cuando una cosa va detrás de la otra; entonces si una persona habla de corrido es porque dice una cosa y luego otra, y otra más”, comenta el ensayista e historiador gastronómico José N. Iturriaga. Una vez que te instalas, la mesera te servirá una sopa y en seguida, el arroz o la pasta. “En el caso del platillo fuerte te van a preguntar qué quieres porque casi siempre hay opciones”, asegura Iturriaga.La estructura es una institución culinaria que apenas ha cambiado con los años: por un precio que pocas veces rebasa los cien pesos, de la cocina desfilarán una serie de platillos encaminados a saciar el hambre atroz de los estudiantes, del kinestésico trabajador, del ansioso pequeño burgués. Al centro habrá además tortillas o canastas de plástico con bolillo y salsas en cazuelitas. Y es que en la comida corrida todo está dispuesto para reproducir una escena familiar, que se escapa de la gloria celebratoria del sábado o el domingo. “La comida corrida siempre viene con un vaso de aguas frescas que puede ser una limonada o un agua de jamaica, de tamarindo, de sandía, de melón, de alguna fruta de temporada”, comenta Iturriaga. En términos culturales, como todo lo que se cuece en territorio nacional, la comida corrida es fruto del mestizaje. “El primer tiempo es casi siempre una sopa de pasta. Las pastas traídas por los españoles surgen en China algo así como dos siglos antes de la Conquista. Luego, el segundo tiempo, es un arroz que también es de origen chino y que también lo trajeron los españoles. Le pusimos “mexicano” por que tiene un color rojo del jitomate con el que se cocina. El más clásico lleva chicharitos y unos cuadritos de zanahoria.”El platillo fuerte es variable, casi siempre es un guiso y no propiamente un antojito. “No estamos hablando de platillos de mucha elaboración, ya que esos son para ocasiones más festivas. Hablamos de una carnita de puerco en salsa verde con verdolagas, tinga de res con la carnita de la falda de res deshebrada. Cuando llega a haber pescado nos darán algún filetito de mojarra o de esos que compras delgaditos para que rinda mejor”. Eso sí, casi siempre irá empanizado para que sea más llenador.Los que ofrecen opciones fuera del menú casi siempre costarán unos pesos más. Ahí está el huevo o el plátano que decorará en sabor y color al arroz. Y en el fuerte, no falta la reina de la cocina de fondita: la milanesa. “La milanesa debe su nombre a Milán, que hoy es el norte de Italia pero que, en el siglo XIX, era parte del Imperio austrohúngaro. De hecho, las milanesas más famosas del mundo son en Viena, capital de Austria”. El postre irrevocable de la comida corrida es el arroz con leche que casi siempre se cocina con canela. “Toda la canela que se consume en el mundo surge de Ceilán, una isla al sur de Sri Lanka”, completa el licenciado Iturriaga. Pero no falta la gelatina, casi siempre de colores vivos –verdes, naranjas y rojos–, los budines con el pan que se queda de otros días, el pastel de tres leches para los días especiales, como los viernes, en los que la propietaria, si está de buenas, agasajará a sus comensales. La cocina de las fonditas nos hace sentir en casa en pleno ajetreo del día. De la dueña, del encargado, terminamos por hacernos íntimos, conocernos los temperamentos, acostumbrarnos a la experiencia sápida. “Las fonditas resuelven, sobre todo a quienes diario tienen que comer fuera, ya sea que eres un oficinista o estudiante del estrato socio económico de clases medias bajas y de clases de proletarias, y es que en ellas comemos comes como en tu casa”. Hay un tesoro invisible en las ciudades al que le debemos horas periodísticas. Gracias a las sazones de Doña Mari o a Don Rubén o a la doña de nuestra confianza es que se nutren nuestros corazones de una a tres P. M. Sus guisos nos recuerdan que pertenecemos a algo más que a una corporación, que somos seres humanos aún en horario laboral.
La forma que tiene el cuerpo de comunicarse físicamente con nosotros es a través del dolor, de la incomodidad, de la sed, del hambre. El apetito es una sensación que llega en varios momentos del día y por la cual tenemos la necesidad de ingerir alimentos; malo cuando llega sin previo aviso, cuando comemos sin sentirla, cuando aun después de comer no cesa. A través del apetito es que nuestro cuerpo expresa una insatisfacción que no siempre es corporal. En un estado de consciencia plena –en conexión al presente, en sincronía con el cuerpo y sus sensaciones- podemos identificar plenamente desde dónde se produce el apetito. Para ello hay que hacer una observación interna: en el dentro se resguardan más que órganos; en el dentro se expresan un sinfín de sensaciones que siempre tienen algo que contarnos sobre nosotros mismos.  Tener una buena comunicación con el cuerpo es elemental para la conservación de la salud y por supuesto, para dejar de pelear con la comida, para dejar de saltar de una dieta a otra, para dejar de enemistarnos con el afuera cuando en realidad lo que sucede es que hay una desconexión con el dentro. La comunicación con el cuerpo no es una locura del new age. La comunicación corporal significa aguzar los sentidos hacia lo más tangible que tenemos; tomarse el tiempo y el espacio para escuchar al cuerpo. Basta con respirar un par minutos tomando conciencia de la inhalación y la exhalación e ir escaneando cada una de las partes del organismo –sí, como si fuéramos una máquina de rayos x–. “Esta es mi nariz. Esta es mi boca, mis vísceras, mis músculos, mi sangre, mi piel…” A partir de unos instantes notaremos cómo se encuentra mi dentro: qué duele, qué se siente bien, qué le hace falta. La meditación, entonces, se convierte en un diálogo corporal en el que el sabio más sabio nos revela su estado anímico, físico y emocional.  A partir de esta práctica diaria comenzaremos a tomar mejores decisiones alimenticias y, por supuesto, identificaremos desde dónde viene el hambre que experimentamos. Según Jane Chozen Bays, una escritora y teórica del mindful eating, existen siete tipos de hambre. Hambre visual: surge, por ejemplo, cuando vemos un pastel siendo cortado y de cuyo esponjoso interior emerge una lava de chocolate derretido. Es el llamado food porn: estímulos hechos a través de la comida que despiertan la sensación de quererlo ¡ya! Hambre olfativa: ¿existe algo más seductor que el aroma que arroja una olla de tamales? ¿Las notas de un café? ¿Unas galletas en el horno? No lo creo. Todo eso es una cubetada de agua a esa hambre que se despierta a través de la nariz. Hambre bucal: muchos de nosotros la vivimos en la pandemia; llega con el impulso de querer masticar algo, roerlo, porque sentimos angustia, porque experimentamos ansiedad. Ésta no encontrará saciedad hasta que la crisis ceda o la conciencia del momento y de lo que estamos sintiendo, aterrice en nosotros. Hambre estomacal: esta es producto de la vacuidad, o al menos de tener espacio en el órgano al que algunos médicos orientales llaman el segundo cerebro. Es normal tener hambre estomacal después de algunas horas de ayuno. Hambre celular: el hambre que las embarazadas expresan en antojos. Se basa en los requerimientos del cuerpo pues según sus cálculos perfectos y sabios, existe un déficit de nutrientes o una conversión desbalanceada entre energía y fuentes de poder. Este tipo de apetito suele aparecer tras el ejercicio intenso. Hambre mental: llega a nosotros cuando un estímulo enciende un recuerdo de la infancia, de lo que consideramos relevante culturalmente o de lo que aprendimos que era delicioso. Esta hambre nos salta en la cabeza cuando estamos a dieta o restringidos de alimentos; cuando extrañamos eso que nos cocinaban en casa o que evoca algún momento feliz. Hambre del corazón: cuántas veces nos hemos comido la falta de dulzura, de alegría, de amor, el abandono o el rechazo. Esta es el hambre que busca desesperada –y también inasequiblemente– cerrar una grieta emocional a través de kilos y litros de comida y bebida. Intentamos llenar un vacío emocional con algo físico en el que más pronto llega la culpa y el castigo que la alegría. Por esta razón es que los psicólogos recomiendan no convertir la comida en castigo ni en recompensa al educar a los hijos.La meditación o la práctica de mindfulness (tomar conciencia del aquí y el ahora durante varios minutos al día), nos hace contactar claramente con los pensamientos, las emociones y, por supuesto, con el organismo. Si nos tomamos el tiempo para conocerlo iremos aprendiendo sobre sus carencias, sobre cómo manifiesta las faltas emocionales y sobre sus necesidades fisiológicas. Al final, escuchando al sabio, tomarás mejores decisiones alimenticias. Mejores decisiones en general, pues.
¡Estrenamos recetario exclusivo en KiwiPro con la chef Lula Martín del Campo! Conoce más de la historia de esta increíble cocinera mexicana. Lula Martín del Campo tiene una larga y exitosa carrera gastronómica. Inició su andar en el mundo de la cocina en 1995 y, desde entonces se ha convertido en un referente de la cocina en nuestro país. Estuvo a cargo del servicio de alimentos y bebidas de hoteles como Habita, en Polanco, Deseo y Básico, en Playa del Carmen. Durante cinco años dirigió, junto con su hermano, Nico y Lula Catering y fue chef ejecutiva del comedor de directores y clientes de HSBC por más de once años.Ha dado asesoría a diversos restaurantes en la creación de menús, capacitación del personal y aperturas y ha sido invitada a varios festivales y congresos gastronómicos a nivel mundial en países como la India, Estados Unidos, España y por supuesto en varios estados de la República Mexicana. Entre otras actividades ha realizado eventos a favor de algunas fundaciones y apoya activamente asociaciones que ayudan a niños en situación de calle. Además, es creadora de una línea de filipinas que tienen como particularidad las tiras bordadas hechas por señoras bordadoras del grupo Tlatzumaque Sohuame Atla (proyecto que integra cerca de 23 mujeres nahuas que son artesanas textiles).En 2011, publicó su libro Lulachef México Contempo, donde se inspiró en las recetas de cocina mexicana que han estado presentes a lo largo de su trayectoria, que en 2012 fue galardonado como: “The Best Woman Chef Cookbook in Mexico 2011” por los Gourmand Awards. También es autora de la colección de libros “Cocina Esencial” con 11 títulos publicados y vocera de diversas marcas y ha participado en diferentes programas de cocina en televisión como “Tu Cocina”, en Canal Once, donde compartía sus anécdotas como chef en los mercados de México.  Actualmente, la chef Lula es propietaria de los restaurantes Cascabel y Marea Restaurante de Mar, ambos ubicados en la Ciudad de México, donde la chef refleja la filosofía que la ha caracterizado: Menos es Más, con propuestas gastronómicas que exaltan los sabores mexicanos a través de experiencias únicas. ¡Suscríbete a KiwiPro y disfruta las botanas y antojitos gourmet que la increíble chef Lula Martín del Campo preparó especialmente para ti! 
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