Cómo hacer un buen caldo de res

Por Kiwilimón - August 2011
  - Para hacer un buen caldo de res debes poner la carne siempre en agua fría. - Otro truco consiste en sofreír previamente la carne y luego mojarla en agua fría. En ambos casos, cuando la carne esté en el agua, comenzar la cocción a fuego lento, así las impurezas subirán a la superficie y así poderlos espumar, no olvidando de vez en cuando añadir agua fría. Recetas de cocina recomendadas:Tallarines Japoneses en Caldo de PolloSopa de GoulashPucheroCarne de Res con Vino y Echallots
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La comida venezolana es una fiesta de sabores exóticos, diversas especias e ingredientes deliciosos, resultado de la influencia cultural entre África Occidental, las primeras poblaciones de América y algunos países europeos como Italia, España y Francia. Por eso tienes que conocer estos 7 platillos típicos de la gastronomía de Venezuela. Arepa Las arepas son un antojito clásico en Venezuela y se tratan de unas tortitas con masa de harina de maíz que se pueden rellenar desde cualquier tipo de carne y embutidos hasta frijoles, queso o aguacate. ¡Son deliciosas! Pabellón criollo El pabellón criollo es el plato nacional de Venezuela y es un guisado con carne de res picante desmenuzada sobre arroz caliente, acompañada de frijoles negros. También puede llevar huevos fritos y rebanadas de plátano frito. Tequeños Los tequeños son como la clásica botanita de dedos de queso, pero hechos con masa de harina de trigo frita, rellena de queso gouda, queso blanco o el de tu preferencia. Hallaca La halla es un platillo típico de Venezuela que generalmente se consume en Navidad. Este platillo mitad africano y mitad indígena americano, es un rollo de harina de maíz con plátano, relleno de carne de res, aceitunas, cerdo y alcaparras. Cachapa Las cachapas o arepas de choclo, son unas tortillitas dulces hechas con maíz molido, con queso y papelón, un tipo de azúcar parecido al piloncillo. Generalmente van rellenas de queso. Asado negro Los amantes de la carne amaran el asado negro, un platillo con carne cocida en caldo de caldo de res, sazonado con cebolla, laurel, orégano y zanahorias. ¡Un platillo venezolano imperdible! Bienmesabe Los postres no pueden quedar fuera de la gastronomía venezolana y el bienmesabe es un pastel de coco esponjoso, con capas de crema y merengue que cautivará a cualquiera gracias a su delicioso sabor. ¿Listo para viajar al sur con este rico listado de platillos típicos de Venezuela?
Las espinacas tienen buena fama desde siempre, pero ¿sabes por qué son tan benéficas, más allá de ser una fuente de hierro? Aquí nos dimos a la tarea de saber cuáles son las propiedades y beneficios de las espinacas.Se pueden comer crudas o cocidas, en un smoothie, con jugos, o en una ensalada super fresca con fresas, han entrado al famoso grupo de los súper alimentos porque las espinacas contienen una gran cantidad de nutrientes y un bajo contenido calórico. Estas hojas verdes también benefician tu piel, cabello, huesos y más.Beneficios de las espinacasPuede que no seas fanático de las espinacas, pero estos increíbles beneficios de comerlas con regularidad te convencerán de agregarlas a tu dieta diaria.1. Ricas en nutrientesTres tazas de espinaca cruda tienen solo 20 calorías, nada de grasa, 2 gramos de proteína y 3 gramos de carbohidratos con 2 gramos de fibra (esto se traduce en 1 gramo de carbohidratos netos). Además, esta porción de tres tazas proporciona más de 300% de la necesidad diaria de vitamina K que ayuda a los huesos, más de 160% del objetivo diario de vitamina A y aproximadamente 40% de vitamina C, las cuales apoyan a la función inmunológica y promueven una piel sana.También contiene 45% de la necesidad diaria de ácido fólico, que ayuda a formar glóbulos rojos y ADN, y la espinaca aporta 15% del objetivo diario de hierro y magnesio, 10% de potasio y 6% de calcio, junto con cantidades más pequeñas de otras vitaminas B. Sí, tiene muchos nutrientes.2. Alta en antioxidantesAdemás de sus muchas vitaminas y minerales, la espinaca proporciona antioxidantes relacionados con la protección contra la inflamación y las enfermedades. Estos incluyen kaempferol, un flavonoide antioxidante presente también en el té verde, por ejemplo, y otro llamado quercetina, el cual se ha relacionado con posibles efectos protectores sobre la memoria, así como enfermedades cardíacas y diabetes tipo 2.3. Fortalece los huesosEntre sus muchos nutrientes, la espinaca es una rica fuente de vitamina K que ayuda a promover la producción de una hormona llamada osteocalcina, responsable de estabilizar el calcio en los huesos. También es una gran fuente de calcio y vitamina D, fibra dietética, potasio, magnesio y vitamina C, todos los cuales son nutrientes importantes que son buenos para la salud ósea.4. Repele bacterias y virusLa espinaca tiene un alto contenido de vitamina A que ayuda a nuestra piel y membranas mucosas a repeler varios tipos de bacterias y virus de manera efectiva. Además, esta vitamina es necesaria para la producción de sebo que mantiene el cabello hidratado. La vitamina A es buena para el crecimiento de todos los tejidos corporales, incluida la piel y el cabello.5. Te mantiene energizadoLa espinaca proporciona los niveles necesarios de magnesio en el cuerpo, lo que te ayudará a generar energía para las tareas diarias, por eso suele incluirse en smoothies por la mañana. La espinaca también es una gran fuente de ácido fólico, un nutriente que ayuda al cuerpo a convertir los alimentos en energía utilizable. Además, la espinaca es una verdura naturalmente alcalina, por lo que hace que el cuerpo sea más alcalinizado, lo que puede ayudarte a mantener la energía durante el día.La espinaca se puede comer cruda o cocida, pero si buscas aprovechar sus beneficios al máximo, mézclala con fresas en una ensalada fresca. Además, algunas investigaciones muestran que no cocinarlas es la mejor manera de preservar su contenido de luteína. consulta nuestras recetas con espinacas para incluirlas en tus menús diarios.
En Perú me enamoré dos veces. La primera fue con las montañas, en el camino de seis meses que tracé de Cusco a Chiclayo. La segunda, más reciente, en una visita de diez días a Lima y Nazca. El motivo era casi contrario: en esta ocasión quería comerme la capital a mordidas. A la par extrañaba el acento, los huaynos, la cerveza Cusqueña, los chifles de la calle; en fin, extrañaba mi Perú. Pasadas las primeras veinticuatro horas de mi llegada no había duda: la cocina peruana me había reconquistado. En ese entonces su gastronomía ya había explotado como bomba ante la crítica mundial: por todos lados era reconocida como una de las más complejas y, claro, como una de las mejores. Después de recorrer prácticamente todo el país entre mi primera y segunda visita, lo que más añoro de la cocina peruana son los sabores del humo de la serranía. La pachamanca (manjar de carnes y verduras cocinadas bajo la tierra) me sabe a los Andes cuando sus picos inasequibles eran la cobija de mis noches. Lo relaciono con el recuerdo de las edificaciones monumentales incas, con su energía mística y abrumadora. Ahí, a más de 2400 m de altura, la cultura podía disfrutarse en un potaje denso donde no faltaba la papa, el ají, el huacatay. Jamás me he comido una palta (aguacate) más grande o una piña más dulce que las que probé allá en las alturas.Pero las regiones en Perú dividen los hallazgos. La accidentada geografía, los asentamientos y las migraciones terminaron por agrupar sus preparaciones: las hay marinas, las hay fusión –chifa y nikkei– andinas, criollas, africanas, amazónicas... Rico por donde se le vea. La más laureada quizá sea la cocina marina:es una ceremonia rendida al inmejorable producto de las corrientes frías de Humboldt en el Pacífico y adicionada casi siempre con toques orientales. Como en todos los países lo esencial se concentra en la capital. Hay que esquivar puestos y personas en las banquetas para llegar al ceviche o la leche de tigre más fresca en el Mercado no. 1 de Surquillo. Para un buen comilón de cocina china se toma camino al centro y se llega a San Joy Lao –imperdible el arroz chaufa de charqui y chanchito–. En barrios como Miraflores y San Isidro están las joyas intelectualizadas de los grandes chefs locales como Virgilio Martínez de Central, Pía León de Kjolle o mi gran favorito, Mitsuharu Tsumura de Maido, que lleva a la cumbre los sabores nikkei (mitad peruanos, mitad japoneses). Imposible dejar de mencionar a Astrid y Gastón de Gastón Acurio, el gran caudillo de la gastronomía peruana por el mundo; los sitios relativamente nuevos como Osso o los de siempre como Fiesta.Atrás nunca se quedan los guisos de las picanterías, los picarones que se consiguen en las tiendas cuando es temporada, y los anticuchos de las esquinas que lo encuentran a uno cuando lleva puesta la madrugada. Su olor a carne especiada hecha al carbón llama lo mismo que un anuncio gigante de neones. En las picanterías convergen los saberes de la cocina popular. Me da nostalgia pensar en sus chicharrones, sus chupes (caldos)– y sus patitas de chancho. En estos pequeños locales generalmente resguardados por una matriarca se recoge el génesis de la gran gastronomía peruana y las técnicas transmitidas por generaciones. Son de tanto valor las picanterías que varios distritos las han declarado Patrimonio Cultural de la Nación. La cocina peruana no se salva de lo exótico, lo intrincado. ¿Alguna vez han probado carne de llama, alpaca o cuy? En algunas zonas de Perú son un manjar. Y es que la textura de la alpaca es inigualable, se deshace a penas se le hinca el tenedor. Para mí era todo lo que pedía –y uno o dos pisco sours– tan pronto volvía al Cusco cada viernes, después de una semana internada en las montañas. A la cuenta faltan mil guisos, decenas de bebidas, postres que hacen suspirar y las preparaciones de regiones como Chiclayo o Arequipa. Trataré de hablar de todo en otras cartas editoriales. Tal vez con palabras pueda expresar todo el amor que siento por esta cultura y su comida. Mientras tanto, les comparto con todo cariño y respeto, una receta originaria de la ciudad de Huancayo y un imperdible de los restaurantes de Lima: la papa a la huancaína. La preparación original lleva obviamente ají amarillo, aunque aquí la hicimos con pimiento amarillo para que las cocineras de casa pudieran encontrarlo fácilmente. ¿Les digo algo? ¡Quedó buenaza!
Para celebrar el Día de Muertos en México, nunca falta el altar que se decora con alimentos, pan de muerto y calaveras de azúcar, elementos indispensables para recordar a los fieles difuntos, pero, ¿alguna vez te has puesto a pensar qué significan las calaveritas de azúcar? Origen de las calaveritas de azúcar Para comprender la importancia de las calaveras de azúcar, debemos recordar que esta tradición se originó en la época prehispánica, donde se percibía a la muerte como la culminación de una etapa de la vida que desembocaba en otro nivel, por lo que utilizaban los cráneos de los sacrificados a los dioses, para adornar el “Tzompantli”, un altar que simbolizaba el paso de lo terrenal a lo espiritual. Significado de las calaveritas en el altar de muertos El Tzompantli era una ofrenda para el dios del inframundo, Mictlatecuhtli, que aseguraba el paso de las personas a otros los niveles una vez que terminaban su ciclo de vida, sin embargo, con la llegada de los españoles y la evangelización, estos rituales fueron prohibidos. Para poder conservar las costumbres, se sustituyeron los cráneos por calaveritas de azúcar y un altar de muertos para honrar y recordar a las personas que ya no se encuentran con nosotros. ¿De qué están hechas las calaveritas de azúcar? Las calaveritas de dulce se elaboran con alfeñique, una mezcla originalmente árabe pero traída a México por los españoles. El alfeñique es una especie de dulce derivado de la caña de azúcar, hecho también con huevo, jugo de limón y una planta llamada chaucle, aunque ahora también podemos encontrar calaveritas de amaranto y chocolate, entre otros ingredientes Las calaveritas de azúcar, entre los aromas del copal, el cempasúchil y las veladoras, adornan y alegran el altar que dará la bienvenida a nuestros fieles difuntos, por eso en esta temporada de Día de Muertos no pueden faltar en casa.
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