Cómo preparar un buen arroz
Tips de Cocina

Cómo preparar un buen arroz

Por Kiwilimón - Agosto 2011
  Para preparar un arroz exquisito y en su punto, debe tener en cuenta estos consejos:
  • -Para hacer un arroz graneado, cuida siempre que el ajo o la cebolla no se quemen al freírlos, porque de hecho tendrán un mal sabor.
  • -Una vez que el ajo o la cebolla se hayan cocido, agregua el arroz y dale vueltas con una cuchara de preferencia de madera, para que se impregne bien con el aceite.
  • -Agrega el líquido, sea agua, caldo o vino y sazona con sal al gusto y mezcla bien.
  • -Una vez que el agua rompa a hervor, tapa y baja la temperatura de la estufa y deja cocer a fuego lento hasta que el arroz esté graneado.
  • -Cuando ya esté listo el arroz, revuelvelo poco con un tenedor para que quede suelto.
  • -Si agregas unas gotas de limón en el agua, harás que el arroz quede más blanco.
  • -El arroz cocido sobrante, puede conservarse en el refrigerador, en un recipiente tapado durante dos días como máximo; caso contrario puede agriarse.
  • -La mayor parte del arroz que se expende ahora no necesita lavarse, pero en caso de que fuera necesario lava el arroz colocándolo en un tazón amplio bajo el chorro de agua fría y enjuagándolo varias veces, hasta que el agua salga limpio, escurra bien y cocine como de costumbre.
  • -Para calentar el arroz, la forma más práctica sería colocando cada plato de arroz en el microondas por espacio de 30 segundos y, en caso de no contar con un microondas, pon el arroz en una cacerola y rocía con un poquito de agua, tapa y calienta moviendolo a cada momento.
  • -Para servir el arroz usa tu creatividad dándole forma con moldecitos y adorna con hierbas o verduras y no te limites a ponerlo simplemente en el plato.
Recetas de cocina con arroz:Arroz Chino con VerdurasArroz a la MexicanaArroz Frito con CamaronesArroz para Sushi

 

 

 
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En Perú me enamoré dos veces. La primera fue con las montañas, en el camino de seis meses que tracé de Cusco a Chiclayo. La segunda, más reciente, en una visita de diez días a Lima y Nazca. El motivo era casi contrario: en esta ocasión quería comerme la capital a mordidas. A la par extrañaba el acento, los huaynos, la cerveza Cusqueña, los chifles de la calle; en fin, extrañaba mi Perú. Pasadas las primeras veinticuatro horas de mi llegada no había duda: la cocina peruana me había reconquistado. En ese entonces su gastronomía ya había explotado como bomba ante la crítica mundial: por todos lados era reconocida como una de las más complejas y, claro, como una de las mejores. Después de recorrer prácticamente todo el país entre mi primera y segunda visita, lo que más añoro de la cocina peruana son los sabores del humo de la serranía. La pachamanca (manjar de carnes y verduras cocinadas bajo la tierra) me sabe a los Andes cuando sus picos inasequibles eran la cobija de mis noches. Lo relaciono con el recuerdo de las edificaciones monumentales incas, con su energía mística y abrumadora. Ahí, a más de 2400 m de altura, la cultura podía disfrutarse en un potaje denso donde no faltaba la papa, el ají, el huacatay. Jamás me he comido una palta (aguacate) más grande o una piña más dulce que las que probé allá en las alturas.Pero las regiones en Perú dividen los hallazgos. La accidentada geografía, los asentamientos y las migraciones terminaron por agrupar sus preparaciones: las hay marinas, las hay fusión –chifa y nikkei– andinas, criollas, africanas, amazónicas... Rico por donde se le vea. La más laureada quizá sea la cocina marina:es una ceremonia rendida al inmejorable producto de las corrientes frías de Humboldt en el Pacífico y adicionada casi siempre con toques orientales. Como en todos los países lo esencial se concentra en la capital. Hay que esquivar puestos y personas en las banquetas para llegar al ceviche o la leche de tigre más fresca en el Mercado no. 1 de Surquillo. Para un buen comilón de cocina china se toma camino al centro y se llega a San Joy Lao –imperdible el arroz chaufa de charqui y chanchito–. En barrios como Miraflores y San Isidro están las joyas intelectualizadas de los grandes chefs locales como Virgilio Martínez de Central, Pía León de Kjolle o mi gran favorito, Mitsuharu Tsumura de Maido, que lleva a la cumbre los sabores nikkei (mitad peruanos, mitad japoneses). Imposible dejar de mencionar a Astrid y Gastón de Gastón Acurio, el gran caudillo de la gastronomía peruana por el mundo; los sitios relativamente nuevos como Osso o los de siempre como Fiesta.Atrás nunca se quedan los guisos de las picanterías, los picarones que se consiguen en las tiendas cuando es temporada, y los anticuchos de las esquinas que lo encuentran a uno cuando lleva puesta la madrugada. Su olor a carne especiada hecha al carbón llama lo mismo que un anuncio gigante de neones. En las picanterías convergen los saberes de la cocina popular. Me da nostalgia pensar en sus chicharrones, sus chupes (caldos)– y sus patitas de chancho. En estos pequeños locales generalmente resguardados por una matriarca se recoge el génesis de la gran gastronomía peruana y las técnicas transmitidas por generaciones. Son de tanto valor las picanterías que varios distritos las han declarado Patrimonio Cultural de la Nación. La cocina peruana no se salva de lo exótico, lo intrincado. ¿Alguna vez han probado carne de llama, alpaca o cuy? En algunas zonas de Perú son un manjar. Y es que la textura de la alpaca es inigualable, se deshace a penas se le hinca el tenedor. Para mí era todo lo que pedía –y uno o dos pisco sours– tan pronto volvía al Cusco cada viernes, después de una semana internada en las montañas. A la cuenta faltan mil guisos, decenas de bebidas, postres que hacen suspirar y las preparaciones de regiones como Chiclayo o Arequipa. Trataré de hablar de todo en otras cartas editoriales. Tal vez con palabras pueda expresar todo el amor que siento por esta cultura y su comida. Mientras tanto, les comparto con todo cariño y respeto, una receta originaria de la ciudad de Huancayo y un imperdible de los restaurantes de Lima: la papa a la huancaína. La preparación original lleva obviamente ají amarillo, aunque aquí la hicimos con pimiento amarillo para que las cocineras de casa pudieran encontrarlo fácilmente. ¿Les digo algo? ¡Quedó buenaza!
Tierra natal de Óscar de la Renta y del padre de Cardi B, vecina de Haití y Puerto Rico y creadora del Mama Juana, República Dominicana tiene muchísimo que ofrecer histórica, cultural y gastronómicamente.Si tienes la fortuna de poder visitar este país caribeño, no te puedes perder estos deliciosos guisados, que son muy representativos en la isla.Pollo guisadoEl pollo guisado al estilo dominicano es un platillo económico que se ve cualquier día en la mesa de una familia, perfecto para el almuerzo. Se prepara con limón, cebolla roja, jitomate, pimiento morrón y ajíes, y se sazona con ajo, azúcar, orégano y pimienta. También puede prepararse con carne de res, pero el pollo es mucho más barato.La banderaLa bandera dominicana es el plato de almuerzo tradicional en el país. Este platillo de identidad lleva arroz, habichuelas y carne, cuyos colores, se dice, representan los de la bandera de República Dominicana, claro, con un poco de licencia poética para el azul, representado por la carne.MangúEn República Dominicana, como en muchos otros países de América Latina, el plátano es un ingrediente principal en la cocina, así, el mangú es un puré de plátano que usualmente se come en el desayuno, acompañado de queso, huevos y salami frito. Todo el plato en conjunto es conocido como los Tres Golpes.SancochoEl sancocho se suele prepara para celebraciones u ocasiones especiales y consiste en un caldo de carne de res con tubérculos como ñame y yuca, pero nunca papa. Su cocción es larga y a baja temperatura, con la cual toma un color marrón anaranjado.ChambreOtro caldito hecho con arroz, legumbres y carne, el chambre es un guisado espeso, que usualmente se prepara con las sobras del almuerzo del día anterior, porque en los países latinos nunca desperdiciamos nada. Por lo general lleva chuletas ahumadas, longaniza, habichuelas rojas, guandules, auyama, arroz y verduras.*Con información de Cocina Dominicana
De las cosas que más extraño de la vieja normalidad, la experiencia de comer en un restaurante está definitivamente en el top 3. Aunque pueda pedir comida a domicilio y seguir disfrutando de mis platillos favoritos, algo hace falta.Por fortuna, ha llegado a México una plataforma que realmente trae a casa la experiencia de comer en un restaurante, más allá de solo la comida. Su nombre es Take a Restaurant y con ella puedes reservar una experiencia exclusiva de una manera fácil y personalizada, para tener la oportunidad de disfrutar de tu restaurante favorito en casa.Con este servicio puedes elegir en casa una selección de 18 exclusivos restaurantes que ofrecen una buena parte de la interesante escena gastronómica citadina, con nombres consolidados como Mikel Alonso (Grupo Biko) o Gabriela Ruíz (Carmela y Sal), hasta propuestas más atrevidas como la cocina fusión de Norma Listman y Saqib Keval (Masala y Maíz).Take a Restaurant te permite reservar a través de la web www.takearestaurant.com tu restaurante favorito, escoger una opción de menú y prepararte para que tu casa se convierta en ese restaurante tan deseado. Una vez que reservas, Take a Restaurant se encarga de coordinar todos los detalles para garantizar que cada servicio sea inolvidable. Esto significa que el equipo llega una hora antes con todo lo necesario para transformar tu casa en su restaurante; luego, tienes el servicio del personal como si estuvieras ahí, y finalmente, ellos recogen todo y dejan tu cocina impecable.Esta plataforma viene de España, en la que está disponible en Madrid y Barcelona, donde las reservas más constantes son para grupos de entre 6 y 10 personas, que buscan reunirse tranquilamente con sus amigos o familiares y poder hacer un plan diferente y disfrutar de la sobremesa sin prisa, pero también parejas que celebran ocasiones especiales.Ciudad de México es la primera ubicación internacional de Take a Restaurant, así que vale la pena probar este nuevo servicio, que promete hacernos sentir fuera de casa, sin necesidad de salir de ella.
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