Consejos de cocina de la semana

Por Kiwilimón - Julio 2011
  ¿Sabías que para evitar que las cacerolas de aluminio se pongan color negro, al hervir agua o verduras hay que agregarle una cascarita de limón? Te presentamos estos pequeños secretos de cocina de la semana para mejorar tu talento culinario: - Cuando se agrega vino a una salsa, hay que hacerlo reducir antes de tapar, porque si se sirve en seguida toma un gusto muy desagradable. - Si al cocinar una gallina resultara dura, retirarla del caldo caliente y colocarla debajo de la canilla de agua fria volviéndola nuevamente a la misma olla, repitiendo la operación una o dos veces si fuera necesario. - Para quitar de la vajilla las manchas de té se usa sal humedecida. - Para que las aceitunas negras resulten brillosas se las pasa por aceite. - Se pueden reemplazar las hojas de laurel por hojas de limón, que son más suaves. - Para evitar que las cacerolas de aluminio se ennegrezcan, al hervir agua o verduras agregarle una cascarita de limón. - Cuando las recetas indiquen carbonato de amoniaco debe ser en piedra, después se reduce a polvo aplastando con la hoja de un cuchillo. - El aluminio altera el color de las cremas; por lo tanto no debe usarse para las preparaciones a base de huevo o chocolate. - Los helados, para que resulten cremosos, deben llevar de 8 a 10 yemas por litro de preparación. Si se quieren hacer más económicos, reemplazar en proporción de una cucharadita de maicena por yema. - Las cremas de los helados están a punto cuando desaparecen las burbujas o espuma de la superficie y cubren la espátula de madera. con una capita delgada. - La excesiva cocción de los dulces destruye la pectina (parte gelatinosa), por lo tanto no ponerle mucha agua para no prolongar la cocción. - Las jaleas conviene cocinarlas sobre fuego fuerte por el mismo motivo. - Para que los ravioles no se abran al cocinarse han de marcarse bien con el marcador antes de pasar la ruedita. - Dejar hervir en abundante agua, y una vez que ha soltado nuevamente el hervor, destapar y continuar la cocción lentamente; estando a punto agregar un cucharón de agua fría, levantar con la espumadera e ir colocando en el colador. - Para cocinar coliflores y repollos y evitar que despidan olor fuerte, agregar al agua de su cocción un trocito de pan y un poquito de leche. - Para preparar salsa holandesa, conviene clarificar la manteca, esto evita que se corte. - Para pelar los tomates es mejor sumergiéndolos unos minutos en agua hirviendo o frotarlos con el contrafilo de un cuchillo hasta que se desprenda la piel. - Para conservar la leche sin necesidad de hervirla agregar un gramo de bicarbonato de soda por cada litro. - La leche cortada se utiliza para scons y tortas.  

- Crema de Alcachofa y Apio

Ensalada de Manzana y Arandanos

Hamburguesas con Tocino

Papas Francesas al Horno

Cheesecake Marmoleado

 
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¡Estrenamos recetario exclusivo en KiwiPro con Alejandro Ruiz! Conoce más de la historia de este increíble cocinero. Alejandro Ruiz Olmedo es un cocinero que heredó el conocimiento rural de sus generaciones pasadas. Nació en 1970 en La Raya, Zimatlán, en Oaxaca, poblado agrícola donde la mayor parte de su siembra se reserva para el autoconsumo. Desde pequeño aprendió el valor de la tierra y ayudaba todos los días en el huerto familiar con tareas básicas del campo, como regar, cosechar y ordeñar desde el alba. Al ser el mayor de sus hermanos, ayudó siempre a su madre en la cocina a preparar los alimentos utilizando sus propios ingredientes de cultivo, según cada cosecha. Así adquirió el gusto por la cocina tradicional, entre aromas, sabores y texturas inigualables de la gastronomía oaxaqueña. Alejandro es un cocinero que ha resaltado la autenticidad de los sabores de Oaxaca y los productos endémicos de todo el estado, como ingredientes criollos e insectos. Su propuesta resalta lo mejor de las recetas tradicionales combinadas con productos selectos en cada uno de sus platillos, como venado, jabalí, cordero, pato, pescados o mariscos. Alejandro Ruiz es considerado el mayor embajador de la cocina oaxaqueña en todo el mundo. En 1997 creó el concepto gastronómico Casa Oaxaca, dentro de un hotel boutique con el mismo nombre. En el año 2003 abrió Casa Oaxaca El Restaurante y en el 2006, Casa Oaxaca Reforma, reconocidos entre los mejores de México. Después aperturó, Guzina Oaxaca en Polanco, en la Ciudad de México, Oaxacalifornia, al sur de la ciudad de Oaxaca, y recientemente presentó Portozuelo, el huerto familiar orgánico del pueblo de donde es originario.En 2009 creó y encabezó el primer festival gastronómico y cultural El Saber del Sabor en Oaxaca, una celebración en coordinación con cocineras tradicionales, chefs locales, productores, investigadores, intelectuales, artistas y maestros mezcaleros. En 2018 publicó su primer libro, Alejandro Ruiz, Cocina de Oaxaca, el cual recibió el premio García Cubas 2018.Alejandro Ruiz es considerado uno de los personajes que han transformado México por su destacada trayectoria, pero sobre todo por la personalidad y la pasión que lo definen. Este cocinero sin duda seguirá escribiendo una parte importante de la historia culinaria del sur de México. Disfruta exclusivamente para ti, suscriptor de KiwiPro, los sabores de Oaxaca de Alejandro Ruiz, uno de los chefs más Pro de México.
Cuando pensamos en un vino mexicano, de inmediato nuestra mente se traslada al Valle de Guadalupe, y no es para menos, pues se ha convertido en un destino imperdible que ha permitido que nuestros vinos trasciendan fronteras a nivel internacional.   El Valle de Guadalupe forma parte de la Ruta del Vino de Baja California, misma que permite hacer un recorrido por más de 64 bodegas de producción, repartidas en siete valles y donde se produce aproximadamente el 90 por ciento de los vinos de nuestro país.  El Valle de Guadalupe, Calafia y San Antonio son las zonas que concentran el mayor número de viñedos, al sur se encuentran los Valles de Santo Tomás, San Vicente y Ojos Negros, mientras que al norte se ubica el Valle de las Palmas.  Y si gustas de los buenos vinos, te comparto algunas opciones del Valle de Guadalupe que son verdaderamente imperdibles. 1. Capricornius El Cielo Chardonnay 100% Chardonnay, añejado 6 meses en barricas de roble francés. Servido entre 10 y 12°C acompaña muy bien pescados como atún, bacalao o sardinas, pastas cremosas y aves a la parrilla. 2. Grenache Monte Xanic 100% Grenache fermentado en depósitos de acero inoxidable. Se recomienda servirlo a 8°C para maridar entremeses de mariscos y ostras; carpaccio, paella, platos asiáticos o una tarta de frutos rojos. 3. Jardín Secreto Adobe Guadalupe Ensamble de Tempranillo, Cabernet Sauvignon y Cinsault, 10 meses añejado en barrica de roble francés y americano. Complejo, de buen cuerpo y balanceada acidez, es ideal para quesos, pastas, carnes o pescados a una temperatura de servicio de 16°C. 4. Montefiori Shiraz Cabernet Mezcla 70% Shiraz y 30% Cabernet Sauvignon, reposado 12 meses en barricas de roble francés. Es recomendable servirlo entre 15 y 18°C para acompañar embutidos, quesos fuertes, pato o carnes rojas. 
La forma que tiene el cuerpo de comunicarse físicamente con nosotros es a través del dolor, de la incomodidad, de la sed, del hambre. El apetito es una sensación que llega en varios momentos del día y por la cual tenemos la necesidad de ingerir alimentos; malo cuando llega sin previo aviso, cuando comemos sin sentirla, cuando aun después de comer no cesa. A través del apetito es que nuestro cuerpo expresa una insatisfacción que no siempre es corporal. En un estado de consciencia plena –en conexión al presente, en sincronía con el cuerpo y sus sensaciones- podemos identificar plenamente desde dónde se produce el apetito. Para ello hay que hacer una observación interna: en el dentro se resguardan más que órganos; en el dentro se expresan un sinfín de sensaciones que siempre tienen algo que contarnos sobre nosotros mismos.  Tener una buena comunicación con el cuerpo es elemental para la conservación de la salud y por supuesto, para dejar de pelear con la comida, para dejar de saltar de una dieta a otra, para dejar de enemistarnos con el afuera cuando en realidad lo que sucede es que hay una desconexión con el dentro. La comunicación con el cuerpo no es una locura del new age. La comunicación corporal significa aguzar los sentidos hacia lo más tangible que tenemos; tomarse el tiempo y el espacio para escuchar al cuerpo. Basta con respirar un par minutos tomando conciencia de la inhalación y la exhalación e ir escaneando cada una de las partes del organismo –sí, como si fuéramos una máquina de rayos x–. “Esta es mi nariz. Esta es mi boca, mis vísceras, mis músculos, mi sangre, mi piel…” A partir de unos instantes notaremos cómo se encuentra mi dentro: qué duele, qué se siente bien, qué le hace falta. La meditación, entonces, se convierte en un diálogo corporal en el que el sabio más sabio nos revela su estado anímico, físico y emocional.  A partir de esta práctica diaria comenzaremos a tomar mejores decisiones alimenticias y, por supuesto, identificaremos desde dónde viene el hambre que experimentamos. Según Jane Chozen Bays, una escritora y teórica del mindful eating, existen siete tipos de hambre. Hambre visual: surge, por ejemplo, cuando vemos un pastel siendo cortado y de cuyo esponjoso interior emerge una lava de chocolate derretido. Es el llamado food porn: estímulos hechos a través de la comida que despiertan la sensación de quererlo ¡ya! Hambre olfativa: ¿existe algo más seductor que el aroma que arroja una olla de tamales? ¿Las notas de un café? ¿Unas galletas en el horno? No lo creo. Todo eso es una cubetada de agua a esa hambre que se despierta a través de la nariz. Hambre bucal: muchos de nosotros la vivimos en la pandemia; llega con el impulso de querer masticar algo, roerlo, porque sentimos angustia, porque experimentamos ansiedad. Ésta no encontrará saciedad hasta que la crisis ceda o la conciencia del momento y de lo que estamos sintiendo, aterrice en nosotros. Hambre estomacal: esta es producto de la vacuidad, o al menos de tener espacio en el órgano al que algunos médicos orientales llaman el segundo cerebro. Es normal tener hambre estomacal después de algunas horas de ayuno. Hambre celular: el hambre que las embarazadas expresan en antojos. Se basa en los requerimientos del cuerpo pues según sus cálculos perfectos y sabios, existe un déficit de nutrientes o una conversión desbalanceada entre energía y fuentes de poder. Este tipo de apetito suele aparecer tras el ejercicio intenso. Hambre mental: llega a nosotros cuando un estímulo enciende un recuerdo de la infancia, de lo que consideramos relevante culturalmente o de lo que aprendimos que era delicioso. Esta hambre nos salta en la cabeza cuando estamos a dieta o restringidos de alimentos; cuando extrañamos eso que nos cocinaban en casa o que evoca algún momento feliz. Hambre del corazón: cuántas veces nos hemos comido la falta de dulzura, de alegría, de amor, el abandono o el rechazo. Esta es el hambre que busca desesperada –y también inasequiblemente– cerrar una grieta emocional a través de kilos y litros de comida y bebida. Intentamos llenar un vacío emocional con algo físico en el que más pronto llega la culpa y el castigo que la alegría. Por esta razón es que los psicólogos recomiendan no convertir la comida en castigo ni en recompensa al educar a los hijos.La meditación o la práctica de mindfulness (tomar conciencia del aquí y el ahora durante varios minutos al día), nos hace contactar claramente con los pensamientos, las emociones y, por supuesto, con el organismo. Si nos tomamos el tiempo para conocerlo iremos aprendiendo sobre sus carencias, sobre cómo manifiesta las faltas emocionales y sobre sus necesidades fisiológicas. Al final, escuchando al sabio, tomarás mejores decisiones alimenticias. Mejores decisiones en general, pues.
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