Consejos de cocina que no debes olvidar
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Consejos de cocina que no debes olvidar

Por Kiwilimón - Agosto 2011
  Esperamos que estos consejos de cocina te sean de mucha ayuda:
  • - Para hacer tomates rellenos, se debe conservar la pulpa y mezclarla con el relleno , no apretar el relleno en el tomate y rociarlo con su jugo durante la cocción.
  • - Para pelar bien las uvas, el truco consiste en meter el racimo en agua hirviendo durante medio minuto.
  • - Cuando se hace una vinagreta, es conveniente diluir la sal en el vinagre antes de añadir el aceite.
  • - Las zanahorias ralladas van muy bien con el limón, ajo, perejil y aceite de oliva, y también con salsa de soja y sal gorda.
  • - Los plátanos se conservan mejor en el refrigerador si los pelas y los envuelves en papel de aluminio.
  • - Si guardas las peras en un frutero házlo con los rabos colocados hacia arriba y procurando que no se toquen entre sí, te durarán mas tiempo.
  • - La cocción correcta de las pastas es: 1 litro de agua por 100 grs. de pasta, en este caso nunca se pegan.
  • - Cuando se hace puré de membrillo no debe olvidarse de rociarlo con limón para que no ennegrezca.
  • - Elección de un melón: Es mejor el melón hembra que el macho, el melón hembra tiene el troncho mas ancho que el macho. Si el rabo del melón se resiste al retorcerlo, el melón no está maduro, tiene que romperse facilménte. Es preferible el melón de piel granulosa al de piel lisa.
  • - Para obtener al máximo el jugo del limón, basta con hacerlo rodar sobre una superficie plana presionando fuertemente con la palma de la mano.
Recetas de cocina recomendadas:Crema de Zanahoria AlmendradaSalsa para Pasta de Pimiento MorronChiles Rellenos de PicadilloFilete de Res Marinado en Cafe

 

   

 
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¿Por qué perdemos el gusto y el olfato con COVID y cómo recuperarlo?
Los aromas son toboganes cuánticos que nos catapultan a otra realidad: a la casa de nuestros padres en la infancia, a nuestro primer beso, a las vacaciones de la adolescencia. “No hay memoria tan precisa, tan vívida y evocadora como la que se recupera a través del olfato, y va tan unida a las sensaciones que se experimentaron junto al olor”, confirma Dolores Redondo, en su Legado en los huesos.Quienes hemos atravesado por COVID nos hacemos conscientes de la fiesta que regalan los sentidos al ánimo y la salud, al cuerpo. Tras algunos días sin aroma y sin gusto me di cuenta de que la nariz está íntimamente conectada a las emociones. Tal vez por eso lo extrañaba quizás más que el gusto. La neuróloga Paola Guraieb me explicó que es porque nuestra capacidad olfatoria incluye unos 3 mil olores, mientras la gustativa es mucho menor. “Si dejas de oler, las alteraciones en el gusto serán predominantes. Lo que sucede es que el virus tiene una alta replicabilidad en el pulmón, en el cerebro, en la sangre y en la nariz. Por eso es común que se merme la olfacción”. Y está claro: sin olfato, perdemos el gusto. La doctora Flor Luna, especialista en urgencias médico-quirúrgicas y consultora sobre Salud Ocupacional en empresas trasnacionales, afirma que existe una constante de 53 por ciento en la alteración del olfato, mientras que en el gusto es de 52 por ciento. “Uno de cada cinco pacientes con coronavirus presenta estas alteraciones como primer síntoma de la enfermedad. Aún no se tiene claro si la prevalencia es distinta con otra cepa”, afirma. Para muchos de nosotros el gusto es literalmente la sal de la vida. En la lengua, el techo de la boca y en la garganta se encuentran las células gustativas, unas pequeñas partículas dentro de las papilas gustativas que se cuentan en 10 mil cuando nacemos y que se van perdiendo a partir de los cincuenta años. Probar un mole, por ejemplo, con ageusia (incapacidad de detectar sabores en los alimentos) es llevar a la boca una salsa sedosa y caliente pero desprovista de alma. Con el tiempo –aunado a una dosis de paciencia y amor a mi proceso de sanación– aprendí a valorar las texturas, las temperaturas, las sensaciones que un alimento dejaba a su paso por la boca. Yo recuperé primero el olfato que el gusto, pero según la doctora Luna, varios estudios elaborados en la Unión Europea han observado una recuperación más rápida del gusto que el olfato. Lo común es que a las tres semanas de un diagnóstico positivo comience la recuperación de ambos sentidos. Si la enfermedad fue severa pueden tardar hasta entre seis y ocho meses. Y sí, existen casos en los que no se recuperan los sentidos o quedan dañados. “Depende de muchos factores, por ejemplo, si la persona es fumadora. Ellos ya per se tienen alteraciones en el gusto y olfato, y posiblemente nunca vuelvan a degustar u oler al 100”, concluye la doctora Luna. ¿Cómo recuperar los sentidos?Las estrategias de tratamiento en las alteraciones del olfato dependen si se trata de una pérdida total (anosmia) o parcial (hiposmia) del sentido. “En el caso de que la pérdida sea permanente, está indicado el entrenamiento olfatorio”, confirma la doctora Luna. No hay que dejar que el tiempo pase. Para la neuróloga Guraieb, recuperar a tiempo la olfacción puede representar la salud de nuestro cerebro en el futuro: “Cuando existe anosmia tienes que recuperarte en menos de seis meses, pues los epitelios respiratorios están conectados con la memoria”. Lo que sucede es que los aromas conectan con las cortezas cerebrales en las que se localizan las emociones, la memoria episódica. “Está demostrado que pacientes con enfermedades degenerativas han padecido o padecieron problemas del olfato, también se ha observado en pacientes con problemas de Parkinson o Alzheimer”. La solución está en poner a trabajar nuestra nariz y nuestra lengua; entrenarlas, pues. “Como sucedería en un entrenamiento físico, esta técnica consiste en exponer a los pacientes a diferentes olores concentrados en recipientes individuales a diario y durante el tiempo indicado por el especialista”, afirma la doctora Luna. Ella nos da el consejo de realizar el olfateo deliberado diariamente por tres meses. Necesitarás limón, una rosa o un caballito con agua de rosas, algún alimento ahumado, un caballito de vinagre, un caballito de anís y aceite de eucalipto. Practica oler durante 20 segundos cada uno de estos aromas dos veces al día. “Existe clara evidencia científica de que esta exposición sistemática a determinados olores mejora el olfato en patologías neurodegenerativas o traumatismos craneales”, concluye la doctora Luna.
De qué te pierdes si no comes quelites
Mi abuela dejó al centro de la mesa una olla de barro alargada. Al destaparla llegó a mí una gran desilusión: en ella había un revoltijo de hilos verdes con olor a hierbas mojadas que se enredaba uno con otro. Apenas unos cubitos de cebolla le daban algo de juego visual a ese platillo al que la mamá de mi mamá refirió como quelites. “Te van a gustar. Les puse ajito”, dijo, como si aquella aseveración convenciera a una niña de diez años a atajar ese amasijo verde como a un trozo de pastel. A regañadientes –o para probar las tortillas aún calientitas de las señoras que trabajaban con mi abuela en su restaurante– me hice un taco. A mi boca llegaron duras notas a tierra, a las “tortitas de pasto” que mi hermano y yo hacíamos cuando jugábamos a la comidita en el parque y no había más ingredientes para los guisos que el lodo. Me pareció justo añadirle al taco unas gotas de limón. La experiencia mejoró drásticamente. En los quelites ahora brillaba algo que me sabía a sal y que ahora refiero como la mineralidad del suelo presente en la milpa de mis abuelos. Me gustó. Me gustó más cuando otro día mi abuela los preparó con papas y aceite de oliva. Desde entonces hasta la palabra me recuerda a ella, a los domingos en su casa de campo, al calor de su cocina cuando afuera caían las heladas. Hace poco tuve la oportunidad de volver a conectar con el recuerdo. Confieso que desde que mi abuela murió no he ido a esa casa en el campo, ni probado quelite alguno. Fue en el evento organizado en Arca Tierra que dos cocineros pusieron frente a otros comensales y a mí varias preparaciones elaboradas con estas hierbas. Lucio Usobiaga, director de dicho proyecto donde, además, entrega los vegetales que crecen en sus chinampas a restaurantes y particulares, y Rafael Mier, director de Fundación tortilla, nos invitaron a cortar quelites en la milpa de las chinampas de Arca Tierra en Xochimilco. El evento –segundo capítulo de la Milpa Viva en la Chinampa– reunió a dos cocineros quienes, además de aleccionarnos sobre quelites, nos demostraron que pueden ser piedra angular en un banquete celebratorio. Con los quelites traídos de su natal Oaxaca, Thalía Barrios, cocinera de la Levadura de olla, preparó una sopa de guías de calabaza y quelites y un cerdo con mole acompañado de verdolagas aderezado con los sabores de la leña. El veracruzano Lesterloon Sánchez preparó platillos como un chile capeado relleno de quelites cubierto por una salsa de piloncillo de balance sorprendente.Ya entrados en la materia, Rafael Mier nos contó sobre la existencia de más de 350 tipos de quelites que se dan paso entre las milpas mexicanas. Por la diversidad de las cinco zonas geográficas distribuidas en el territorio nacional, los productos que crecen en cada región cambian, así que la regla de que en la milpa sólo calabaza, chile y frijol no está escrita en piedra.Qué son los quelites, cuáles son sus beneficios y algunos ejemplosMás que un ingrediente, los quelites son una categoría de hierbas comestibles que encuentran salida entre los productos de la milpa. “La palabra quelite proviene del náhuatl quilitl. Esa palabra hacía referencia a los vegetales, así como nosotros hoy nos referimos a las verduras, en las que en realidad hablamos de una gran cantidad de productos”, complementa Rafael. Actualmente se encuentran bajo este campo semántico alimentos como el amaranto que, antes ser la materia prima de una alegría, es una planta compuesta por botones de bolitas rojas. También están los olvidados quintoniles, los deliciosos huauzontles, los pungentes rábanos, el chipilín que tanto sabor da a los tamales chiapanecos, la chaya que hace brillar la gastronomía yucateca, el pápalo que no falta en centenas de taquerías y los reyes de la Navidad y la Cuaresma, los romeritos. El sabor de cada uno es una experiencia particular; algunos aportan acidez, otros pungencia, notas cítricas o anisadas que complejizan los guisos mexicanos desde épocas precolombinas. Muestra de ello es su presencia en el Códice Florentino y siglos despúes en el Cocinero mexicano de 1831. Pero el poder nutricional de estas pequeñas y humildes hierbas rebasa su grandeza culinaria. Ese color verde característico sólo puede significar una cosa: fibra, mucha fibra. Adicionalmente poseen grandes cantidades de vitamina A y C, calcio, potasio y hierro infaltable en un sistema inmunológico fuerte. Sus usos medicinales son tan efectivos como ancestrales. Por ejemplo, la chaya se ha usado para curar dolores de riñones, las verdolagas para aliviar estragos digestivos, la hoja santa para los dolores de cabeza y el estómago, el pápalo para limpiar el hígado.Hace falta devolver los quelites al discurso de los manteles cotidianos, a los manteles largos, al teruño de los locales con manteles de plástico. Los quelites son historia que crece humildemente en el campo mexicano y aporta capas de complejidad a los guisos que requieren tiempo. En cada uno hay un tremendo aporte nutricional, medicina que cura el cuerpo y el espíritu y cultura viva que penas acaricia la billetera.
¿Por qué en kiwilimón celebramos con tostadas mexicanas?
Todo cabe en una tostada. O nada. Apenas un trozo sin nada basta para amainar la picazón ansiosa del hambre. La tostada solita ya es sinuosidad que le dice a los ojos ¡ven! A la boca habla del maíz y de la grasita inequívoca de su fritura. Pero quizás lo mejor sea su sonido al romperse, al morderse. Ese ¡crack!, que no se parece al crujir de una baguette, ni al de una galleta de mantequilla, suena a un México de mesas de aluminio y gente vitoreando, a guisos cremosos, a una palapa húmeda en la playa.Sobre el origen, la editora gastronómica de Larousse, Verónica Rico Mar, afirma que quizás hayan surgido –como casi todo lo que vale la pena en la cocina– a partir de una errata: “a alguien se le quedó la tortilla más tiempo en el comal y eso hizo que se secara y se hiciera crujiente”. Otra pudo ser que, para darles una segunda vida a los sobrantes de tortilla del día anterior, se pasaran por aceite caliente. También están las tostadas horneadas, o las raspadas –originarias de Colima y Jalisco–, que son tortillas que, antes de estar bien cocidas, les quitan la capa finita que se les hace encima. Posteriormente las vuelven a pasar por el metate y las fríen.El mexicano ama las tostadas. Eso sí, nos gustan poco menos que los tacos, porque las tortillas fritas se rompen, por que si no te las comes a tiempo, se aguadan, porque tacos before vatos. Pero nadie puede negar que untadas con una simple crema de rancho son festín. La editora gastronómica acota además que, a diferencia de los tacos, sobre las tostadas pueden ir elementos calientes, tibios o frescos como el salpicón, el ceviche o la ensalada de atún. “Puede haber tacos de picadillo y puede haber tostadas de picadillo, pero lo que jamás va a haber va a ser un taco de pata”.A diferencia del rey del antojito, en la tostada el guiso va picado, desmenuzado, en tiritas, desfragmentado. Como en el sope, puede llevar una base de frijoles refritos en manteca, una mayonesa o una base cremosa que mantenga el guiso picado adherido al centro. Porque, ¿ya dijimos que la tostada también es utensilio de cocina? Esta tortilla crujiente y cóncava se convierte en un plato biológico al que no hay que lavar sino devorar, o como dice Verónica Rico, “es tu cubierto porque la rompes en pedacitos y vas comiendo con ella”. En su anatomía también está la altura. La preparación debe estar dispuesta en cumbre, en Popocatépetl junto a su Iztaccíhuatl. Vestirán el paisaje la zanahoria finamente cortada en brunoise, la cebolla en trocitos, el cilantro, los granos de elote. La bandera sobre la cima es una flor de aguacate, una lechuga cortada en julianas, nieve de queso, deshielo de crema, ríos de salsa verde, roja o pico de gallo.En la tostada la democracia del guiso es bienvenido. Todo va y todo viene. Sólo basta cegar las preparaciones cremosas y aderezadas de las caldosas porque podría humedecerlas. Y aquí otra de sus extravagancias: atajarla correctamente requiere concentración, equilibrio, algo de suerte. A la primera mordida desenfadada, el montículo de *ponga su guiso favorito, aquí*, crema, lechuga y queso, corre el riesgo de colapsar como deshielo en el Polo Norte. Si eso pasara, todo estará perdido, o encontrado, pero en el bolsillo de la camisa, el pétalo del mantel floreado, el piso. ¡Y eso está de la tostada!, como se dice coloquialmente.Si se te antojó armar una tostadiza económica y divertida para dar el grito, estás leyendo el texto correcto. De las 119 recetas que contamos en kiwilimón seleccioné mis seis favoritas. Las puedes acompañar con aguas frescas cremosas, cantaritos locos, con bombas de michelada o bien, con los vinos que te propongo. Celebremos juntos la tradición de este platito de maíz comestible en el que cabe todo México.  Tostada de tinga de pollo con chipotleLa petit syrah de la bodega Henri Lurton acompaña armoniosamente el toque de chipotle de esta receta infaltable. Tostada de picadillo de tres carnesCombina este clásico carnívoro con la mezcla mexicana de cabernet sauvignon, petite syrah y merlot de Ala Rota.Tostada de rajas cremosas con champiñonesPara el toque ligeramente ahumado de las rajas con crema te recomendamos la acidez balanceada de Quinta Monasterio Tempranillo.Tostada de pata Que no falte la tostada fresca y vinagrosa, favorita de Verónica Rica, con un rosé de la bodega Norte 32.Tostada de mole con pollo El clásico de clásicos se marida bien con la mezcla de cabernet sauvignon y syrah de la bodega de Parras, Coahuila, Hacienda Florida.Tostada de cochinita pibilDale un complemento perfumado y floral a tu tostada yucateca con Balero Rosado.
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