Imprimir tu comida ya es una realidad

Por Kiwilimón - Mayo 2016
Desde 2013 la NASA ha experimentado con “crear” comida al imprimirla con una impresora 3D. Esto es un recurso útil para astronautas que deben racionar sus alimentos cuando viajan al espacio. Ahora, esa tecnología avanza a pasos agigantados y empieza a llegar a las masas, donde de verdad puede hacer la diferencia. En específico, hay un restaurante en Los Ángeles que ya ha tomado la moda 3D y la ha hecho parte de su menú. 3DS Culinary Lab es la nueva oferta de moda en la ciudad californiana. Los cocineros del restaurante utilizan un impresora llamada ChefJet que utiliza distintos tipos de azúcar para crear comida e imprimarla en maneras diferentes. Ahora, este sitio no es un mero restaurante, es un laboratorio, una sala de experimentos. En este sitio se reúnen algunos de los chefs más famosos del mundo, así como ingenieros, químicos y demás mentes curiosas que tratan el restaurante como una sala de juegos. De la mano de estos personajes, luminarias como Matthew Biancaniello y la ganadora de Top Chef, temporada 12, Mei Lin se han instalado en 3DS Culinary Lab para crear una oferta de bebidas y gastronomía muy interesante. Hoy en día una de esas impresoras cuesta alrededor de $1,000 dólares por lo que, aún sin ser barata, ya empieza a estar al alcance las manos de muchos cocineros caseros. Parece ser cuestión de tiempo para que todo empecemos a cocinar en impresoras 3D dentro de nuestras casas. Sin embargo, parece ser que el peso más importante de esta nueva tecnología recaerá dentro del sector social humanitario pues ya se empiezan a hacer pruebas de producción de comida al mayoreo para abastecer las necesidades de comunidades de bajos recursos en África. Cuando esto se logre y expanda lo que ahora puede parecer un juego de científicos locos se podría convertir en la respuesta del hambre mundial. Ahora, si aún no estás preparada para comida salida de una impresora, da click aquí para recetas caseras deliciosas para toda tu familia.   recetas de cocina saludables  
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¿Qué es lo que nunca falta en tu alacena? ¿Una lata de atún, unos chilitos en escabeche, un puré de tomate para hacer una pasta? Estos productos son casi con seguridad parte de todas las alacenas mexicanas en la actualidad, pero la historia de los productos envasados tiene alrededor de cuatro siglos.Para la hora del desayuno, la comida o la cena, siempre contamos con una lata de vegetales para preparar un omelette con champiñones, un puré de tomate para hacer una tinga de pollo, o una salsa verde para acompañar nuestras sincronizadas gracias a que, en 1809, Nicolas Appert consiguió conservar alimentos como sopas, verduras, jugos e incluso productos lácteos en botellas o frascos.Estos alimentos envasados fueron aprovechados durante la guerra, tiempo después se patentó el enlatado y años más tarde, los métodos europeos de envasado llegaron a Estados Unidos, donde se estableció una base científica sobre el envasado al describir los requisitos específicos de calentamiento de tiempo y temperatura para esterilizar alimentos.Es así como ahora mismo, en tu alacena tienes productos mexicanos listos para usarse, desde champiñones en todas sus presentaciones, hasta flor de calabaza, garbanzos, salsas listas para servirse, pues empresas como Herdez® se han insertado en la industria del envasado elaborándolos con amor y cuidado, ofreciéndole a las familias mexicanas los más altos estándares de calidad, innovación y confianza que los ha caracterizado desde la fundación de la Comercializadora hace más de 100 años.Con tanta tradición a cuestas, no han dejado de renovarse y su nueva imagen e identidad visual reflejan sus valores en todos sus productos y categorías, como el sabor, cuidado al medio ambiente y campo mexicano. Para Dafne Maya Beristain, Grouper de Mercadotecnia Herdez®, “nuestro país está lleno de sabores que nacen en el corazón del campo y que Herdez® selecciona cuidadosamente para que las familias mexicanas puedan usarlos con toda confianza. Este legado y compromiso, que nos enorgullece, es la fuerza que nutre la nueva imagen”.Es así como cuentas con un pedacito de campo y frescura en tu alacena, y con sólo abrir la puerta puedes ubicar fácilmente la línea de productos Herdez® o cualquiera de sus latas de vegetales que necesitas para preparar ese platillo que tanto te gusta, de la manera más sencilla.
Pensar en comida envasada debería ser igual a pensar en calidad, practicidad y modernidad, pues muchos de los productos mexicanos que encontramos en los pasillos de los supermercados cuentan con valor nutrimental, tradición y mucha calidad detrás de cada lata.El envasado no es más que un método para preservar alimentos por más tiempo, por medio de un envasado en recipientes herméticos. El proceso puede variar de acuerdo con el producto, pero hay tres pasos principales: procesar, sellar y calentar.El primer paso es procesar la comida, es decir, pelarla, rebanarla, picarla, quitarle semillas y huesos, remover cáscaras o cocerla; el segundo es el sellado que se hace con las latas y, por último, calentar se refiere a que los envases se calientan para matar las bacterias dañinas y evitar el deterioro.Como resultado de este proceso, los productos envasados conservan propiedades y tienen varios beneficios, como los que te mencionamos a continuación.Una lata de vegetales conserva los nutrientes Una lata de vegetales es nutritiva y puede almacenarse entre 1 a 5 años o más gracias al envasado, pues de acuerdo con la Cámara Nacional de Fabricantes de Envases Metálicos (Canafem), en los procesos industrializados “las variables que influyen en la pérdida de nutrimentos están controladas” e incluso puede ser menor que cuando los preparamos en casa.El enlatado puede potenciar otros compuestos saludablesSi bien el proceso de enlatado puede dañar las vitaminas solubles en agua, también puede aumentar las cantidades de otros compuestos saludables, por ejemplo, los tomates y el maíz liberan más antioxidantes cuando se calientan, lo que hace que las variedades envasadas de estos alimentos sean una fuente aún mejor de antioxidantes.Los alimentos envasados comunes incluyen vegetales, salsas, chiles, purés y muchas empresas mexicanas se aseguran de que su línea de productos esté hecha con los alimentos naturales de mayor calidad, aporten nutrición, salud y bienestar.Por ejemplo, la línea de productos Herdez® no sólo cuenta con la calidad, sino que la respalda además una tradición de más de 100 años, que se ha ido renovando siempre en tecnología, sustentabilidad e incluso en imagen.Esta renovación de imagen es un homenaje a México como país de expresiones a través de sus colores, su gente y, claro, sus sabores, que nacen en el corazón del campo. Esta nueva imagen también refleja los valores y pilares de la línea de productos Herdez® y su orgullo de ser una marca mexicana. Ahora puedes seguir disfrutando los deliciosos productos que Herdez® selecciona cuidadosamente para que tú y muchas familias mexicanas puedan usarlos con toda confianza.
La diosa del chile era Tlatlauhqui cihuatl ichilzintli o ‘Señora roja del respetable chile’. A nadie le cabía duda: al chile había qué rendirle respeto. El chile, originario de la zona andina o de la selva amazónica, ha sido el alma de muchas cocinas del mundo y sin duda, el fuego artificial de la cocina mexicana. ¿Qué sería de nosotros si faltara este fruto que lastima lo mismo que entretiene la lengua? Los españoles lo llevaron a Europa como souvenir. Allá se declararon sensibles a su picor. En cambio, los paladares árabes, asiáticos y africanos lo recibieron como revelación. Muy pronto lo incorporaron a sus cocinas y comenzaron a producirlo. Ahora el extranjero que se declare intolerante a él, padecerá su influjo en más de un tercio del mundo. En Asia se perdería de cremosos currys de la cocina india, del pad thai de la cocina tailandesa, de las barbacoas de la cocina coreana con kimchi fermentado y guindillas o de las sopas agripicantes de la cocina sichuanesa. Ni qué decir del taco mexicano. El no iniciado se llevará a la boca un sencillo amasijo de carne y maíz sin su bendición de salsa verde. Que momento tan anticlimático tendrá al comer una torta de milanesa sin una mordida intermitente a un chile en escabeche. No hay platillo local donde no se le pueda hacer un huequito. Ya Cristóbal Colón hablaba de él como “una planta tan picante como la pimienta que los nativos consumen en todas las comidas”. Al chile sólo se le deja cuando el estómago lo pide o cuando se emprende ruta a tierras más occidentalizadas. En cada ocasión se le extraña. Todo es culpa de la capsaicina, una sustancia que responde al dolor y que libera opioides y endorfinas que lo neutralizan. Por ella, el chile es motor de placer y adicción.El uso del chile es antiguo. Se cree que las culturas mesoamericanas lo comenzaron a cultivar tan pronto se volvieron sedentarias. La altura y el clima favorecieron su esparcimiento. En las culturas nacionales fue alimento sagrado y leyenda. Aún hoy es signo que aleja el “mal de ojo” a penas se pone un collar vigilante en la puerta. Es sinónimo de fiesta cuando armoniza los alimentos; es suspiro, lágrima y silencio para los que toma desprevenidos.En Perú, la otra gran gastronomía latinoamericana, es una constante. Está presente en la sazón del ceviche, en el rocoto relleno arequipeño. En el sudeste asiático aporta balance a los guisos junto a la lima kafir y el coco. En los restaurantes mexicanos –los finos, los de calle– es cortesía y el centro de mesa más bello junto a un par de bolillos o totopos.Marea porque para mitigar su calor dan ganas de inspirar y con ello se sobre oxigena el cuerpo. Calienta la garganta lo mismo que la mente, por eso es albur y jolgorio del lenguaje –un deambular entre el respeto y la burla–. El o la que aguanta mucho es ‘macho’. El o la que aguanta poco es ‘gallina’. El chile se convierte en dulce cuando se le añade azúcar; en mole, cuando se le añade magia. Hace algunos siglos era correctivo para los niños maleducados y hoy es correctivo cuando se quiere tapar una mala técnica culinaria. El chile es el éxito de muchos negocios, un objeto del deseo en la cultura pop mexicana y erotismo en la poesía urbana. Está presente en rimas leyendas y canciones, como aquella que asegura que es picante pero sabroso. ¡Gracias, chile, por existir!Para terminar de rendirle un homenaje como se debe, te dejamos este compilatorio de salsas que, sin importar del país que seas, le darán alegría a tu comida.
La diosa del chile era Tlatlauhqui cihuatl ichilzintli o ‘Señora roja del respetable chile’. A nadie le cabía duda: al chile había qué rendirle respeto. El chile, originario de la zona andina o de la selva amazónica, ha sido el alma de muchas cocinas del mundo y sin duda, el fuego artificial de la cocina mexicana. ¿Qué sería de nosotros si faltara este fruto que lastima lo mismo que entretiene la lengua? Los españoles lo llevaron a Europa como souvenir. Allá se declararon sensibles a su picor. En cambio, los paladares árabes, asiáticos y africanos lo recibieron como revelación. Muy pronto lo incorporaron a sus cocinas y comenzaron a producirlo. Ahora el extranjero que se declare intolerante a él, padecerá su influjo en más de un tercio del mundo. En Asia se perdería de cremosos currys de la cocina india, del pad thai de la cocina tailandesa, de las barbacoas de la cocina coreana con kimchi fermentado y guindillas o de las sopas agripicantes de la cocina sichuanesa. Ni qué decir del taco mexicano. El no iniciado se llevará a la boca un sencillo amasijo de carne y maíz sin su bendición de salsa verde. Que momento tan anticlimático tendrá al comer una torta de milanesa sin una mordida intermitente a un chile en escabeche. No hay platillo local donde no se le pueda hacer un huequito. Ya Cristóbal Colón hablaba de él como “una planta tan picante como la pimienta que los nativos consumen en todas las comidas”. Al chile sólo se le deja cuando el estómago lo pide o cuando se emprende ruta a tierras más occidentalizadas. En cada ocasión se le extraña. Todo es culpa de la capsaicina, una sustancia que responde al dolor y que libera opioides y endorfinas que lo neutralizan. Por ella, el chile es motor de placer y adicción.El uso del chile es antiguo. Se cree que las culturas mesoamericanas lo comenzaron a cultivar tan pronto se volvieron sedentarias. La altura y el clima favorecieron su esparcimiento. En las culturas nacionales fue alimento sagrado y leyenda. Aún hoy es signo que aleja el “mal de ojo” a penas se pone un collar vigilante en la puerta. Es sinónimo de fiesta cuando armoniza los alimentos; es suspiro, lágrima y silencio para los que toma desprevenidos.En Perú, la otra gran gastronomía latinoamericana, es una constante. Está presente en la sazón del ceviche, en el rocoto relleno arequipeño. En el sudeste asiático aporta balance a los guisos junto a la lima kafir y el coco. En los restaurantes mexicanos –los finos, los de calle– es cortesía y el centro de mesa más bello junto a un par de bolillos o totopos.Marea porque para mitigar su calor dan ganas de inspirar y con ello se sobre oxigena el cuerpo. Calienta la garganta lo mismo que la mente, por eso es albur y jolgorio del lenguaje –un deambular entre el respeto y la burla–. El o la que aguanta mucho es ‘macho’. El o la que aguanta poco es ‘gallina’. El chile se convierte en dulce cuando se le añade azúcar; en mole, cuando se le añade magia. Hace algunos siglos era correctivo para los niños maleducados y hoy es correctivo cuando se quiere tapar una mala técnica culinaria. El chile es el éxito de muchos negocios, un objeto del deseo en la cultura pop mexicana y erotismo en la poesía urbana. Está presente en rimas leyendas y canciones, como aquella que asegura que es picante pero sabroso. ¡Gracias, chile, por existir!Para terminar de rendirle un homenaje como se debe, te dejamos este compilatorio de salsas que, sin importar del país que seas, le darán alegría a tu comida.
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