Preparando vinagretas fácilmente
Tips de Cocina

Preparando vinagretas fácilmente

Por Kiwilimón - Septiembre 2011
  Las vinagretas son salsas sencillas que se usan para aderezar ensaladas. Para esta ocasión les dejamos 4 tipos de vinagretas y cómo prepararlas: Vinagreta clásica (preparación para 12 ensaladas) • 120 CC de aceite de grasas • 100 CC de aceite de oliva • 50 CC de vinagre de frutas • 100 gr de perejil crespo – finamente picado • Sal y pimienta al gusto Opcional le puedes agregar 1 cucharada de mostaza Vinagreta dulce • 120 CC de aceite de girasol • 100 CC de aceite de oliva • 100 CC de azúcar morena o común • 50 GR de manzana roja- finamente picada • 50 GR de papaya madura- finamente picada • 10 GR de uvas picadas y sin semilla • 1 cucharada de mostaza • Sal y pimienta al gusto Opcional le puedes agregar una cucharadita de crema de leche. Vinagreta de yogurt • 200 CC de yogurt • 1 cucharada de vinagre • 100 gramos de perejil crespo finamente picado • 50 gramos de queso parmesano • Sal y pimienta al gusto. Vinagreta mostacilla • 120 CC de aceite de girasol • 100 CC de aceite de oliva • 50 GR de perejil crespo finamente picado • 1 cucharada de mostaza • 1 cucharada de mayonesa • 50 GR de queso parmesano • Sal y pimienta al gusto. Para preparar las vinagretas tomas un recipiente, agregas los aceites batidos, esto se hace para homogenizar sabores. Ahora agregua los vegetales picados para la vinagreta deseada, luego el vinagre y finalmente el aderezo. Las vinagretas se preparan a medio ambiente y no se deben refrigerar. Más recetas de cocina recomendadas para hacer vinagretas o en qué platillos utilizarlas:Vinagreta de LimonBerenjena en Vinagreta de AjoVinagreta de Frutos RojosBrocoli con Ajo y VinagretaCamarones y Callos con Vinagreta de Pimientos
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Los recuerdos son un montón de ladrillos que toman forma de edificación, de castillo de Disney, apenas se les pone unos kilómetros de distancia. En la comida este kilometraje se remonta a la niñez. Los platos que nos marcaron tienen como ambientación un momento de familia, una olla grande y un gesto de cariño dirigido a nosotros. Hay un narrador –mejor si tiene voz de Morgan Freeman–, y por supuesto, una abuela, una madre o alguien con quien pudimos establecer una conexión profunda. Que si aquella comida que recordamos con las vísceras y el corazón sabía rico sólo el universo lo sabe. Aquí es donde la distancia juega su truco. En los platillos entrañables hay algo de engaño que es al mismo tiempo un mantra sanador: sabe a un momento en el que nos sentimos queridos. Nos saben a amor. Nos saben a hogar. La nostalgia parece teñir de sepia y de rosa la memoria y con ello, los sabores y las vivencias pierden su nitidez. Por supuesto, esta emoción tiene la potencia de dejarnos tatuado el nombre de ese platillo que trataremos de replicar, buscar e interpretar en lo que cocinamos, comemos y compartimos. Yo no tengo una receta entrañable y especial. Tengo varias. Está el mole verde de mi abuelita y la sopa de tomate de mi mamá. Pero en el necio ejercicio que es recordar, he descubierto que en el amor a mis platillos favoritos no pesa tanto la complejidad de la receta como el tamaño del recuerdo. El mejor ejemplo que se me ocurre es el sencillo sándwich de frijoles refritos, queso Gouda y chipotle que mi papá asaba cada mañana en una sandwichera para que yo me lo llevara a la escuela. No sonaba la campana del recreo y yo ya me había comido dos de ellos –sí, dos–. El tema es que siempre he gozado de buen apetito y simplemente uno no le alcanzaba a mis ganas. A mi papá le dije una mentira piadosa. Le conté que a mis amigas les gustaba tanto mi sándwich que, mordida a mordida, me dejaban sin comer. La verdad es que yo prefería la culpa al hambre y sinceramente sus sándwiches me sabían a gloria. Él, un padre sumamente protector, comenzó a mandarme dos. Yo simplemente me los devoraba. Si alguien me pedía una mordida, me lo pensaba. Como mi historia, las recetas más especiales tienen la fuerza de hacernos sonreír y evocar cada sabor, cada sensación, como si estuviéramos ahí. Un sabor termina siendo una Polaroid, un puente al pasado y, al mismo tiempo, un gancho que nos conecta al aquí y al ahora. En Kiwilimón queríamos celebrar eso: el hermoso poder que tiene la comida para conectarnos con lo que más queremos. Por eso creamos un concurso, La Receta del Año. Con él queremos conocer las anécdotas detrás de las recetas que amas. Compártenos tu receta favorita y escribe junto a ella el relato de por qué es tan especial para ti. Al final premiaremos las mejores con una hermosa vajilla (con valor de más de 10 mil pesos), para que puedas perpetuar los recuerdos y vivencias. No sólo eso: serás parte de nuestro recetario del año y verás en video tu receta firmada con tu nombre.Para descubrir las bases de este concurso, checa esta nota o este video y si te quedan dudas, escríbenos por favor a chefkiwilimon@gmail.com. Anímate a compartir lo que más te gusta. Estoy segura de que la Receta del Año de Kiwilmón la tienes tú. Sube tu receta y su historia especial con el hashtag #Larecetadelaño desde tu cuenta en Kiwilimón y si aún no tienes, regístrate aquí.
Yo ya perdí la cuenta de las veces en que una galleta –de chispas de chocolate, de avena, de lo que sea– me ha devuelto la esperanza. En un año como este la comida ha sido combustible para el cuerpo tanto como para las emociones. O si no pregúntense, ¿cuántas veces un panecito remojado en café, un caldito de verduras o el guiso burbujeante de una olla les ha salvado el día? La necesidad de ponerse los platillos de cobija seguramente no nos pasará desapercibida este otoño. El tema es físico, es mental. Nuestra hibernación animal nos baja la energía y hay que contrarrestarlo con carbohidratos y pociones calientitas que nos templen el corazón cuando el frío de afuera –el de verdad, el de la metáfora– se cuela entre la rendija. Lo casero se convierte en la moneda de cambio. Una, por economía; otra, por necesidad.Si en otros otoños los potajes densos curaban al alma, ahora serán la medicina cuántica. Eso sí, que tengan mucho verde, que sus fitonutrientes hagan su trabajo al mismo tiempo que conforten. Con mucho ánimo hay que prender las hornillas y gozar con los ingredientes de temporada que les van bien a los procesos del cuerpo. Una de mis opciones favoritas es abrirme paso ante una calabaza de Castilla, rica en vitamina A y ácidos grasos, y con unas cuantas cucharadas de mantequilla, miel, sal y pimienta hacerla el puré más terso o el complemento de una ensalada. Si su familia, como la mía, disfruta de los platos de cuchara, hay que preparar con calma un molito de olla y convertirlo en una suerte de mantra comestible que renueve las fuerzas. Ya saben, ¡a darle que es mole de olla! El otoño también es pretexto para reusar esa cacerola refundida en la alacena y dejarle caer unos higos, vino y azúcar para caramelizar. Al final ponerlo todo en una rebanada de pan con queso mientras leemos algo que nos nutra el intelecto o nos haga viajar sin despegarnos de la sala.La época nos invita a prender el horno cuando se pueda. Hay que aprovechar las manzanas más dulces del año, agregarles vainilla, azúcar, mantequilla, pan molido y envolver todo en unas hojas de hojaldre. El premio serán los olores, el crunch que suena menos, pero sabe mejor cuando lo acompaña una bola de helado. Y si se prefiere salado, hay que rosear una coliflor con aceite, aventarle unas avellanas, pistaches o nueces y algunas especias mágicas. Me gusta servirla horneada, directo de la charola, junto a una cucharada de jocoque batido con limón o una cucharada de yogurt con curry.A las noches otoñales les van bien las tartas, sobre todo esas que van retacadas con verduras salteadas y todo tipo de quesos. Su milagro es rendir para todos sin importar lo hambrientos que estén. La otra es que en cada rebanada cabe el mundo. ¿Queso Chihuahua? ¿Pimientos? ¿Carnes frías? Lo que tengas en el refri servirá. Si nunca has preparado tartas de otoño no hay mejor momento que este: es la oda a la comida confortable. Te dejo una guía iniciática para que puedas prepararlas fácilmente. Las cuatro recetas las preparó el equipo de Kiwilimón y quedaron geniales. Será difícil elegir, pero ante la duda, prepara una cada fin de semana. Pruébalas con toda atención y disfruta el aquí y el ahora. Eso es el regalo de los buenos bocados: tienen el poder de recordarnos a qué sabe estar vivos, lo placentero que es el cuerpo, lo lindo que es caminar en la Tierra en otoño o cuando sea.Quiche de CerezaQuiche de 4 Quesos MexicanosQuiche de Tocino, Gruyere y EspinacasQuiche de Peras con Queso
El jengibre es uno de los remedios caseros más populares para fortalecer el sistema inmunológico, ya que tiene numerosos beneficios tanto para el aparato digestivo como para el aparato respiratorio. A continuación te contamos un poco más de las propiedades y beneficios del jengibre. Tal como menciona la Asociación de Consumidores Orgánicos de Estados Unidos, el jengibre posee propiedades antiinflamatorias y analgésicas que ayudarían a aliviar los síntomas provocados la gripe común debido a que ayuda a limpiar las mucosas en las vías respiratorias. También mejora la producción de secreciones en nariz y garganta. De igual manera, el jengibre es alto en fibra, vitamina C, fósforo y zinc, los cuales ayudarían a aliviar el dolor de garganta, especialmente cuando se trata de ardor y comezón al pasar la saliva, como informa. Otro de los beneficios del jengibre es que, gracias a sus enzimas proteolíticas, ayudaría al proceso de digestión, a la división de celular y a la degradación de proteínas, lo que lo hacen ideal para tratar dolor y acidez estomacal, además de dispepsia. ¿Cómo consumir jengibre? Al ser una raíz de origen natural, existen diversas formas de consumir jengibre y explotar sus propiedades, especialmente por su sabor picante y aromático. Principalmente lo puedes utilizar en tés, jugos y como especia en algunos platillos, pero a continuación te dejamos nuestro favorito. Té de jengibre para reforzar las defensas Raíz de jengibreAguaLimónMiel al gustoPon a hervir el pedazo de jengibre fresco en agua durante 15 minutos. Cuela el líquido, agrega limón y miel al gusto. Recuerda que antes de tomar un remedio natural, debes consultar a un especialista para asegurarte de que tus dolencias pueden ser tratadas de la mejor manera. ¡Asegúrate de poder aprovechar al máximo los beneficios del jengibre!
El 2020 se ha visto afectado en su mayor parte por una pandemia que aunque nos ha traído dificultades a todos, definitivamente hay sectores más afectados por el COVID-19, como el de la alimentación, por ejemplo.Es por eso que hoy más que nunca necesitamos ser solidarios y apoyar con lo que podemos, como consumir local, pero también hay otras opciones para poder aportar un poco en este momento de crisis. Proyectos como Leentro buscan recaudar fondos para poder ayudar principalmente a tres sectores: el de la salud, el de la alimentación y el de la educación. De una manera muy única, esta campaña de procuración de fondos consigue su objetivo a través de deportistas, artistas, actores, empresarios, influencers y celebridades que donan experiencias únicas o realizan subastas de algún objeto personal para sus seguidores.Así que una cena en manos del chef Olvera es una de las experiencias que puedes vivir y disfrutar, al tiempo que donas dinero para sus diversos fines, como repartir kits para enfermeras, doctores y personal sanitario, capacitar personal, entregar despensas y otorgar becas, por ejemplo.Enrique Olvera & Mercedes-Benz from Le Entro on Vimeo.En este evento culinario único gracias a Mercedez-Benz, el chef Olvera y el chef Jesús Durón, podrás disfrutar de una cena maridaje al nivel de los restaurantes más altos del mundo para ti y 6 amigos, en la cocina de Casa Teo, un espacio creado por Enrique Olvera con la privacidad y exclusividad que sólo podrías lograr en casa.Consulta aquí todo lo que necesitas para participar en esta experiencia y sé parte de Leentro, donde todo lo recaudado será donado a instituciones como Comedor Santa María, Fundación TecSalud, Fundación Becar IAP y más.
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