¿Qué hacer cuando la comida no resulta como esperabamos?

Por Kiwilimón - Julio 2011
  En algunas ocasiones cuando cocinamos, los resultados no son como realmente deseábamos. Para ello, aquí les dejamos algunos consejos y solucionar esos pequeños detalles al momento de cocinar. Mucha grasa - Cuando la grasa está demás, una vez teniendo el plato cocinado se debe colocar ést en el refrigerador; deja que se enfríe hasta que la grasa endurezca en la superficie. Luego, retira la grasa con una cuchara. - Al momento de la preparación de la comida. Si notas que existe un exceso de grasa, lo que puedes hacer es agregar cubitos de hielo en la comida. La grasa se adhiere a éstos. Como alternativa para retirar la grasa puedes pasar una hoja de lechuga por la superficie de la comida. Comida salada - En el caso de cocinar verduras y nos hemos pasado de sal, la recomendación es vertir agua hirviendo sobre las verduras hervidas. - Para las sopas se puede agregar una papa cruda, dejar hervir, y luego se desecha la papa. Como alternativa, puedes preparar otra porción sin sal y mezclar con la primera. Recetas de cocina recomendadas por Kiwlimon:Sopa de Lenteja y ChicharosCaldo de Pollo AsiaticoSopa de Frijol con Chile ChipotleCrema de Castañas
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Ya sabemos que no es malo comer huevo diario cuando llevemos una dieta balanceada, pero si somos esa persona que desayuna huevo todos los días, quizá es interesante saber cuál es la mejor forma de comerlo para aprovechar todos sus beneficios.El huevo es un ingrediente básico, sencillo y muy versátil en la cocina, por lo que las formas de comerlo son muchísimas, desde cocido, hasta frito, y también puede combinarse con ingredientes como verduras. Cocinar el huevo hace que sea más seguro comerlo y que algunos nutrientes sean más digeribles, por ejemplo, la proteína se vuelve más digerible cuando se calienta y un estudio probó que el cuerpo humano podría usar 91% de la proteína si los huevos estaban cocidos, pero solo 51% si estaban crudos. La hipótesis es que este cambio en la digestibilidad se debe a que el calor provoca cambios estructurales en las proteínas del huevo. Un huevo cocido también es mejor en cuanto a la disponibilidad del micronutriente biotina, pero aunque cocinar huevos hace que algunos nutrientes sean más digeribles, puede dañar otros.Esto no ocurre sólo con el huevo, pues el simple hecho de cocinar la mayoría de los alimentos conlleva siempre a una reducción de algunos nutrientes, pero esto pasa especialmente si se cocinan a altas temperaturas durante un período prolongado.En general, se ha demostrado que los tiempos de cocción más cortos (incluso a altas temperaturas) retienen más nutrientes y, por ejemplo, la ciencia ha demostrado que cuando los huevos se hornean durante 40 minutos, pueden perder hasta 61% de su vitamina D, en comparación con hasta el 18% cuando se fríen o se hierven durante un período de tiempo más corto.Sin embargo, aunque cocinar huevos reduce estos nutrientes, los huevos siguen siendo una fuente muy rica de vitaminas y antioxidantes. Así que para que al cocinarlos aproveches más sus beneficios, hazlos más saludables con estos consejos:Procura cocinarlos con un método de cocción bajo en calorías, como huevos escalfados o cocidos, pues así no agregas calorías extra de grasa.Prepara huevos revueltos con verduras y úsalos para aumentar la ingesta de vegetales, agregar fibra y vitaminas adicionales a tu comida o simplemente cocine los huevos de la forma que desee y agregue verduras.Si los preparas fritos, usa un aceite que sea estable a altas temperaturas. Por ejemplo, los mejores aceites para cocinar a fuego alto son aquellos que permanecen estables a altas temperaturas y no se oxidan fácilmente para formar radicales libres dañinos, como el aceite de aguacate o el aceite de girasol. Procura comprar huevos más nutritivos, por ejemplo, en general se cree que los huevos orgánicos son nutricionalmente superiores a los que provienen de gallinas enjauladas, producidos convencionalmente.No los cocines demasiado, porque entre más tiempo y más calientes prepares los huevos, más nutrientes perderán. Además, usar una temperatura más alta durante más tiempo también puede aumentar la cantidad de colesterol oxidado que contienen, lo cual es particularmente cierto al freír en sartén.
Si no sabes cómo hacer que huelan rico las sábanas, estos consejos te serán de gran ayuda pues no hay nada más reconfortante que echarte en la cama y ser cobijado por ese característico aroma a limpio y fresco. Muchas veces es imposible lograr que el aroma a recién lavado dure más que un par de días, por eso te enseñamos estos sencillos trucos para aromatizar sus sábanas y cobijas por mucho más tiempo. Lava tus blancos constantemente No te esperes a que las sábanas y cobijas se ensucien por alguna razón externa y crea el hábito de lavarlas cada 2 semanas. Esto te ayudará a evitar que se impregnen de olores desagradables y será mucho más fácil que guarden el aroma a limpio. Remoja con suavizante Después de lavar tus sábanas y cobijas, atrévete a remojarlas durante 15 o 20 minutos con suavizante. Si las metes a la secadora, añade un par de hojas de aromatizante para obtener un olor intenso y duradero; si por el contrario, las secas al sol, asegúrate de no dejarlas más del tiempo suficiente, de lo contrario, el sol evapora los químicos del perfume y los deja sin olor. Rocía aromatizante casero Si estos trucos no son suficientes, puedes hacer un aromatizante casero mezclando 3 tapas de suavizante en un litro y medio de agua, con 3 cucharaditas de bicarbonato. Coloca la mezcla en un atomizador y rocía tus sábanas y cobijas con él y deja que se impregne el olor. Cuando te acuestes en la noche, sentirás la diferencia. ¿Listo para aplicar estos consejos que dejarán oliendo tus sábanas y cobijas limpio y fresco por más tiempo?
La forma que tiene el cuerpo de comunicarse físicamente con nosotros es a través del dolor, de la incomodidad, de la sed, del hambre. El apetito es una sensación que llega en varios momentos del día y por la cual tenemos la necesidad de ingerir alimentos; malo cuando llega sin previo aviso, cuando comemos sin sentirla, cuando aun después de comer no cesa. A través del apetito es que nuestro cuerpo expresa una insatisfacción que no siempre es corporal. En un estado de consciencia plena –en conexión al presente, en sincronía con el cuerpo y sus sensaciones- podemos identificar plenamente desde dónde se produce el apetito. Para ello hay que hacer una observación interna: en el dentro se resguardan más que órganos; en el dentro se expresan un sinfín de sensaciones que siempre tienen algo que contarnos sobre nosotros mismos.  Tener una buena comunicación con el cuerpo es elemental para la conservación de la salud y por supuesto, para dejar de pelear con la comida, para dejar de saltar de una dieta a otra, para dejar de enemistarnos con el afuera cuando en realidad lo que sucede es que hay una desconexión con el dentro. La comunicación con el cuerpo no es una locura del new age. La comunicación corporal significa aguzar los sentidos hacia lo más tangible que tenemos; tomarse el tiempo y el espacio para escuchar al cuerpo. Basta con respirar un par minutos tomando conciencia de la inhalación y la exhalación e ir escaneando cada una de las partes del organismo –sí, como si fuéramos una máquina de rayos x–. “Esta es mi nariz. Esta es mi boca, mis vísceras, mis músculos, mi sangre, mi piel…” A partir de unos instantes notaremos cómo se encuentra mi dentro: qué duele, qué se siente bien, qué le hace falta. La meditación, entonces, se convierte en un diálogo corporal en el que el sabio más sabio nos revela su estado anímico, físico y emocional.  A partir de esta práctica diaria comenzaremos a tomar mejores decisiones alimenticias y, por supuesto, identificaremos desde dónde viene el hambre que experimentamos. Según Jane Chozen Bays, una escritora y teórica del mindful eating, existen siete tipos de hambre. Hambre visual: surge, por ejemplo, cuando vemos un pastel siendo cortado y de cuyo esponjoso interior emerge una lava de chocolate derretido. Es el llamado food porn: estímulos hechos a través de la comida que despiertan la sensación de quererlo ¡ya! Hambre olfativa: ¿existe algo más seductor que el aroma que arroja una olla de tamales? ¿Las notas de un café? ¿Unas galletas en el horno? No lo creo. Todo eso es una cubetada de agua a esa hambre que se despierta a través de la nariz. Hambre bucal: muchos de nosotros la vivimos en la pandemia; llega con el impulso de querer masticar algo, roerlo, porque sentimos angustia, porque experimentamos ansiedad. Ésta no encontrará saciedad hasta que la crisis ceda o la conciencia del momento y de lo que estamos sintiendo, aterrice en nosotros. Hambre estomacal: esta es producto de la vacuidad, o al menos de tener espacio en el órgano al que algunos médicos orientales llaman el segundo cerebro. Es normal tener hambre estomacal después de algunas horas de ayuno. Hambre celular: el hambre que las embarazadas expresan en antojos. Se basa en los requerimientos del cuerpo pues según sus cálculos perfectos y sabios, existe un déficit de nutrientes o una conversión desbalanceada entre energía y fuentes de poder. Este tipo de apetito suele aparecer tras el ejercicio intenso. Hambre mental: llega a nosotros cuando un estímulo enciende un recuerdo de la infancia, de lo que consideramos relevante culturalmente o de lo que aprendimos que era delicioso. Esta hambre nos salta en la cabeza cuando estamos a dieta o restringidos de alimentos; cuando extrañamos eso que nos cocinaban en casa o que evoca algún momento feliz. Hambre del corazón: cuántas veces nos hemos comido la falta de dulzura, de alegría, de amor, el abandono o el rechazo. Esta es el hambre que busca desesperada –y también inasequiblemente– cerrar una grieta emocional a través de kilos y litros de comida y bebida. Intentamos llenar un vacío emocional con algo físico en el que más pronto llega la culpa y el castigo que la alegría. Por esta razón es que los psicólogos recomiendan no convertir la comida en castigo ni en recompensa al educar a los hijos.La meditación o la práctica de mindfulness (tomar conciencia del aquí y el ahora durante varios minutos al día), nos hace contactar claramente con los pensamientos, las emociones y, por supuesto, con el organismo. Si nos tomamos el tiempo para conocerlo iremos aprendiendo sobre sus carencias, sobre cómo manifiesta las faltas emocionales y sobre sus necesidades fisiológicas. Al final, escuchando al sabio, tomarás mejores decisiones alimenticias. Mejores decisiones en general, pues.
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