Todo lo que tienen que mantener alejado de una embarazada
Tips y Consejos

Todo lo que tienen que mantener alejado de una embarazada

Por Kiwilimón - Febrero 2016
¿Cómo?, se preguntarán. ¡Muy simple! Sólo evitando las siguientes cosas que son incómodas además de muy nocivas para casi toda mujer embarazada: Invitarla a alguna parte pasadas las 10 de la noche: un gran no La mayoría de las embarazadas ¡vivimos con sueño! y ¡mucho sueño! Cuando me invitan a un evento después de las 10 de la noche ya prefiero decir que no, porque lo único que verán de mí, serán mis bostezos. Una anda más cansada por lo que el cuerpo no acompaña tanto como antes. Si quieren a esa mujer embarazada y quieren verla, organicen un almuerzo o algo para la tarde, se los agradecerán. “¡¿Quién está fumando?!” Una embarazada huele todo, ¡todo! Y hay ciertos olores que de verdad son intolerables. Por lo menos en mi caso, si hay algo que mi cuerpo no procesa y hace que me enferme, es el olor a cigarro. Cuando tengo que ir a algún lugar y siento ese olor, me descompongo. No solo con mal humor sino que con fatiga. No fume cerca de una embarazada, de verdad le estará haciendo un gran favor a ella (y a usted). Adiós perfumes Los perfumes son algo maravilloso. Tenemos nuestro perfume regalón y ese que usamos para ocasiones especiales. Pero en el momento en que quedas embarazada y el olfato aumenta en un mil por ciento, el perfume, sea cual sea, es solo un olor siniestro que se queda atascado en alguna parte de la nariz. Si van a juntarse con una embarazada o si viven con una, sean cariñosos y guárdenlos hasta nuevo aviso. Mi marido, amablemente, los dejó todos en el cajón. Era eso o no poder abrazarlo durante 9 meses. Sé lo que comiste ayer ¿Han escuchado que los elefantes tienen el olfato más desarrollado del mundo animal? Bueno, después del elefante debe venir la mujer embarazada porque puede identificar todo lo que comiste solo por el olor corporal. Pero también puede ser que sea solo yo la que sepa que anoche comiste ajo y que hoy mejor no me acerco a hablarte. ¿Soy solo yo o le pasa alguna más? Vamos a almorzar pero… lejos de cualquier lugar que tenga comida chatarra El olor a frituras y a comida chatarra es, en general, algo muy molesto para las mujeres embarazadas. Sabia la naturaleza que nos mantiene alejadas de todas esas cosas. Pasar caminando por un lugar donde hay restaurantes de comida rápida, es para mí, un verdadero infierno. ¿Lo es para alguien más? Como ven, la vida de algunas embarazadas no es fácil. Evitar algunas cosas cuando estemos con ellas, harán que la vida sea mucho más fácil y amigable. Ahora ya saben cuáles son algunas, ayudémoslas a que estos 9 meses sean los mejores posibles, y empaticemos en que están con cambios hormonales en el cuerpo y gestando a una nueva persona, lo más grande de la naturaleza. Ver nota original    
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Los retiros de silencio son una experiencia curiosa. A la hora de la comida no hay lugar para los “qué rica sopa”, los “me pasas la sal” o los “ay, esa salsa pica mucho”. Aunque parezca una obviedad no queda otra que ponerle atención al alimento. Recuerdo que mi primera vez tenía al frente una sopa de espinacas con trocitos de papa y una diminuta brunoise de zanahorias. Las instrucciones de mi guía de meditación eran claras, había que observarlo todo: la forma de cada verdura, la caprichosa distribución en la que los ingredientes se acomodaban en el plato. Los olores no se salvaban. Había que concentrarse en las notas de la espinaca cocinada, el aroma del tiempo. Y por supuesto, ya en la boca, sentir cada ingrediente, cada combinación lograda en el asar de una cucharada. La experiencia fue iniciática. Hace unos días pude repetir la emoción. Esta vez fue en un centro de medicina ancestral en el que había que comer en conciencia. Ana, la chef, lleva años confeccionando combinaciones de recetas que luego prepara de forma consciente y sirve para placer de los visitantes. Eva Solís, la Abuela, es la fundadora de este espacio y la creadora del libro ‘Comida que cura’. Y es que ya lo dice una cita bíblica en Proverbios, “las palabras amables son como la miel: dulces al alma, saludables para el cuerpo”. Para la Abuela, las plantas, las frutas, y todo lo que procede del reino vegetal tiene el poder de reaccionar frente a las energías que les ponemos a través de la intención.Quizás parezca la formulación de un pase mágico –es más, probablemente lo sea– pero hay un arte en eso de convertir los ingredientes más sencillos en manjares para el alma. Explicado de otra forma, el ritual es similar al que hacemos cuando le cantamos o le hablamos bonito a una planta: crece más y crece mejor. La Abuela explica que las palabras y la intención transforman un platillo en una medicina poderosa. ¿Salsa para estimular la felicidad? ¿Sopa de chícharo para lograr la quietud? Así, tal cual. El rezo comienza al cocinar: se agradece a cada integrante de la receta, así como a las personas que tuvieron que ver con ellos –agricultores, distribuidores, vendedores– desde el campo hasta el momento de cocinarlos. Al final, “la importancia de ofrecer una comida que cura es que podemos elevar la vibración energética y el estado de ánimo de nuestras familias”. Eso sí. Hay que ser sabios ante nuestro marchante de confianza. “La selección de los ingredientes en un platillo que lleva la intención de sanar comienza con la compra de alimentos vivos y productos no procesados como materias primas”. Luego es importante lograr las combinaciones correctas. Aquí no aplica eso de que todo cabe en un jarrito sabiéndolo acomodar. Para la Abuela –tal como también lo dicta la tradición Ayurvédica– hay que aprender sobre la química que se despierta en los alimentos al unirlos. “Combinar los alimentos de manera adecuada permite una mejor digestión, una adecuada evacuación y una desintoxicación continua. Lo contrario produce enfermedad”, afirma la Abuela en su libro.Laura Esquivel en ‘Como agua para chocolate’ hace uso de hipérboles para explicar cómo los sentimientos de la cocinera –de la entrañable Tita– se trasladan al platillo y a los comensales: desde a unas codornices con pétalos de rosas hasta a una rosca de reyes. Para la Abuela no es una exageración: “Quienes cocinamos debemos tomar consciencia de cómo estamos al momento de estar frente al fogón. Si estoy triste, enojada o con prisa, eso mismo daré de comer a mi familia”. Para ella, la vibración que tenemos le confiere al plato una emoción, así que más vale estar conscientes al momento de cocinar. Luego viene la degustación consciente. La Abuela recomienda estar en silencio y con los ojos vendados. Retomar el uso de las manos para ponernos en contacto directo con los ingredientes; percibir sus texturas, formas, tamaños y temperaturas. Así, en total atención investigar con la nariz y la boca los insumos que tenemos frente a nosotros. Probar, disfrutar, detenerse en ese dulce momento. El ejercicio meditativo tendrá una ventaja adicional: “Al degustar conscientemente, la orden de saciedad llega más pronto al cerebro y, por tanto, requeriremos comer menos. Lo contrario sucede cuando comemos leyendo, chateando o pensando en lo que tengo que hacer”. Por último, para que tu comida se convierta en un medio para curarte, purificarte y renovarte, la Abuela recomienda bendecir y agradecer por eso que terminó en un plato precisamente para ti. Esas acciones que parecen insignificantes “son los pilares que sustentan la abundancia, el flujo equilibrado entre el dar y el recibir”. Comer así, en total conexión, nutrirá más que solo tu cuerpo físico.
Los retiros de silencio son una experiencia curiosa. A la hora de la comida no hay lugar para los “qué rica sopa”, los “me pasas la sal” o los “ay, esa salsa pica mucho”. Aunque parezca una obviedad no queda otra que ponerle atención al alimento. Recuerdo que mi primera vez tenía al frente una sopa de espinacas con trocitos de papa y una diminuta brunoise de zanahorias. Las instrucciones de mi guía de meditación eran claras, había que observarlo todo: la forma de cada verdura, la caprichosa distribución en la que los ingredientes se acomodaban en el plato. Los olores no se salvaban. Había que concentrarse en las notas de la espinaca cocinada, el aroma del tiempo. Y por supuesto, ya en la boca, sentir cada ingrediente, cada combinación lograda en el asar de una cucharada. La experiencia fue iniciática. Hace unos días pude repetir la emoción. Esta vez fue en un centro de medicina ancestral en el que había que comer en conciencia. Ana, la chef, lleva años confeccionando combinaciones de recetas que luego prepara de forma consciente y sirve para placer de los visitantes. Eva Solís, la Abuela, es la fundadora de este espacio y la creadora del libro ‘Comida que cura’. Y es que ya lo dice una cita bíblica en Proverbios, “las palabras amables son como la miel: dulces al alma, saludables para el cuerpo”. Para la Abuela, las plantas, las frutas, y todo lo que procede del reino vegetal tiene el poder de reaccionar frente a las energías que les ponemos a través de la intención.Quizás parezca la formulación de un pase mágico –es más, probablemente lo sea– pero hay un arte en eso de convertir los ingredientes más sencillos en manjares para el alma. Explicado de otra forma, el ritual es similar al que hacemos cuando le cantamos o le hablamos bonito a una planta: crece más y crece mejor. La Abuela explica que las palabras y la intención transforman un platillo en una medicina poderosa. ¿Salsa para estimular la felicidad? ¿Sopa de chícharo para lograr la quietud? Así, tal cual. El rezo comienza al cocinar: se agradece a cada integrante de la receta, así como a las personas que tuvieron que ver con ellos –agricultores, distribuidores, vendedores– desde el campo hasta el momento de cocinarlos. Al final, “la importancia de ofrecer una comida que cura es que podemos elevar la vibración energética y el estado de ánimo de nuestras familias”. Eso sí. Hay que ser sabios ante nuestro marchante de confianza. “La selección de los ingredientes en un platillo que lleva la intención de sanar comienza con la compra de alimentos vivos y productos no procesados como materias primas”. Luego es importante lograr las combinaciones correctas. Aquí no aplica eso de que todo cabe en un jarrito sabiéndolo acomodar. Para la Abuela –tal como también lo dicta la tradición Ayurvédica– hay que aprender sobre la química que se despierta en los alimentos al unirlos. “Combinar los alimentos de manera adecuada permite una mejor digestión, una adecuada evacuación y una desintoxicación continua. Lo contrario produce enfermedad”, afirma la Abuela en su libro.Laura Esquivel en ‘Como agua para chocolate’ hace uso de hipérboles para explicar cómo los sentimientos de la cocinera –de la entrañable Tita– se trasladan al platillo y a los comensales: desde a unas codornices con pétalos de rosas hasta a una rosca de reyes. Para la Abuela no es una exageración: “Quienes cocinamos debemos tomar consciencia de cómo estamos al momento de estar frente al fogón. Si estoy triste, enojada o con prisa, eso mismo daré de comer a mi familia”. Para ella, la vibración que tenemos le confiere al plato una emoción, así que más vale estar conscientes al momento de cocinar. Luego viene la degustación consciente. La Abuela recomienda estar en silencio y con los ojos vendados. Retomar el uso de las manos para ponernos en contacto directo con los ingredientes; percibir sus texturas, formas, tamaños y temperaturas. Así, en total atención investigar con la nariz y la boca los insumos que tenemos frente a nosotros. Probar, disfrutar, detenerse en ese dulce momento. El ejercicio meditativo tendrá una ventaja adicional: “Al degustar conscientemente, la orden de saciedad llega más pronto al cerebro y, por tanto, requeriremos comer menos. Lo contrario sucede cuando comemos leyendo, chateando o pensando en lo que tengo que hacer”. Por último, para que tu comida se convierta en un medio para curarte, purificarte y renovarte, la Abuela recomienda bendecir y agradecer por eso que terminó en un plato precisamente para ti. Esas acciones que parecen insignificantes “son los pilares que sustentan la abundancia, el flujo equilibrado entre el dar y el recibir”. Comer así, en total conexión, nutrirá más que solo tu cuerpo físico.
El otoño es temporada de renovación y buena cerveza, por eso les recomendamos siete estilos para chocar los tarros y celebrar en grande. 7 estilos de temporadaBrown AleDeriva del estilo histórico inglés London Brown, que se creó en 1902 y llegó a considerarse como la cerveza más dulce de Londres. Actualmente se elabora con malta caramelo. En boca es ligera y dulce. Tiene aromas a nuez, chocolate y caramelo. PorterSu origen se disputa entre Inglaterra e Irlanda. Fue una receta creada especialmente para trabajadores con faenas físicas muy pesadas, la cual combinó tres tipos de ales. Es densa, huele a pan y chocolate, y en boca es robusta. StoutCreadas en el Reino Unido, como evolución de la Porter, a la cual necesitaban subirle la graduación alcohólica para sus viajes hacia las colonias inglesas y al norte de Europa. Es de color muy oscuro, con notas a tostados y un marcado sabor a café. De este estilo, hay dos variantes que te harán el día: American StoutSon cervezas con aromas y sabor a café y chocolate oscuro. En boca son cremosas y te calientan en boca al tomarlas por su poder alcohólico. Russian Imperial Stout Esta es la joya de la corona. Es la cerveza más alcohólica de las variantes que hay del estilo y la más popular entre la corte imperial Rusa. Por lo general utiliza maltas torrefactas muy intensas, tiene notas de nueces y un final cálido y elegante que no te hará extrañar el vino caliente europeo. De hecho, los ingleses, quienes son sus principales productores, se volvieron fanáticos del estilo después de las guerras napoleónicas en las que se quedaron sin viñedos. Pruébala con un sabroso estofado, un molito o un postre con chocolate o caramelo quemado. WeizenbockEsta es la Weizen que marca la diferencia. Es una cerveza Lager, a diferencia de las alemanas de trigo que son Ale. Tiene mucho alcohol, con un sabor cremoso y un perfil fuerte, con pan y granos de trigo. Sería el equivalente a un destilado de cerveza. Perfecto para brindar en compañía de charcutería, salchichas o preparaciones BBQ. Doppelbock Es una especialidad Bávara, elaborada en Múnich por los monjes de San Francisco de Paula, quienes la consideraban “pan líquido”. Es rica, malteada y con sabores tostados (a veces, dependiendo su versión, tiene un ligero toque de chocolate).
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