Top 5: restaurantes del centro histórico

Por Kiwilimón - Septiembre 2014
En el Distrito Federal hay una infinidad de restaurantes, sería imposible enumerarlos a todos, pero sí que podemos centrarnos en uno de los espacios más importantes de la capital. Cerca de la explanada central se encuentran algunos de los restaurantes más queridos por los chilangos pues tienen un gran servicio y aún mejor comida. Aquí te dejamos nuestro top 5: restaurantes del centro histórico. El Cardenal. Puede ser que no haya otro lugar que se llene como este a la hora de desayunar. Es cierto que también abre para comidas pero de las 9 a 11 de la mañana uno tiene que hacer fila sin duda. Puede que sean sus conchas con nata recién salidas del horno, o tal vez las enfrijoladas o los huevos motuleños. Aquí se sirve un sinfín de especialidades mexicanas irresistibles y esto sumado al antiguo edificio colonial crean una experiencia inolvidable. Calle Palma 23, Centro Histórico, 5521 8815. receta de enfrijoladas Café Tacuba. Fundado en 1912 este es otro clásico del centro. En sí, el lugar es incomparable, sus paredes llenas de mosaicos y azulejos más sus candiles de madera y espejos barrocos te hacen viajar en el tiempo. En cuanto al menú, es difícil elegir entre las tostadas de chorizo, panuchos estilo Tacuba, enchiladas pachuqueñas y el filete de pescado al mojo de ajo. Tacuba 28, Centro Histórico, 5521 2048. receta de panuchos El Danubio. Si tienes antojo de mariscos, de un buen ceviche o un coctel de camarón cuando estés en el centro entonces este es el sitio, no hay otro igual. El consomé de mariscos especial no hay que saltárselo, el filete de robalo a la champagne es una alternativa más especial y si gustas un platillo típico pero delicioso entonces los langostinos a la plancha no te decepcionarán. República de Uruguay 3, Centro Histórico, 5512 0912. receta de Pinchos de Langostinos Azul Histórico. De todos los restaurantes en esta lista este es el más nuevo, de hecho no tiene más de tres años. A pesar de esto se ha convertido en todo un clásico ya que se encuentra en un antiguo palacio colonial de piedra que le da una atmósfera elegante y romántica. Las especialidades mexicanas están a la orden del día pero con pequeños cambios que las modernizan. Este es el caso de los buñuelo de venado en salsa de mole negro y otras especialidades del lugar. Isabel la Católica 30, Centro Histórico, 5510 1316. receta de pollo con mole La Ópera. Este es, en realidad, un bar, una cantina. Aunque sí tiene toda la pinta de taberna antigua no hay que preocuparse porque si uno tiene hambre, no te dejarán sin comer. De hecho sus caracoles en salsa de chipotle, el chamorro a la gallega y la sopa de mariscos llaman a más comensales a comer que a beber. Aquí te espera una atmósfera del México revolucionario y un servicio atento y cordial. Calle 5 de mayo 10, Centro Histórico, 5512 8959. receta de Chamorro de Res en Achiote
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Esta temporada está cayendo como cubetada de agua fría, sobre todo con el retorno al semáforo rojo. Las interrogantes son demasiadas: ¿Tendremos Navidad? ¿Cuántos seremos? ¿Cocinamos o pedimos? ¿Cuánto gastaremos? Y mientras dudamos de todo y de todos, hay algo que no podemos perder. Puede que seamos dos en la mesa, pero ¿por qué privarnos también de nuestro pavo con gravy, de nuestros tamales, de aquello que ansiamos probar? Aun con todo, es Navidad. La celebración es la fecha misma como también la comida que se sirve a la mesa y el amor que nos damos. Habremos de convivir con el núcleo más cercano por las próximas semanas sin siquiera sacar la mano por la ventana. La celebración –ésta y la de vivir– no tiene que ver con lo que pasa afuera como con el acto de agradecer y bendecir. Las Navidades son extrañas, no lo niego. Casi siempre tienen algo agridulce –excepto cuando eres niño y todo es jugar con los primos y descubrir qué regalo se esconde bajo la envoltura–. Por ellos, por nosotros: merecemos una Navidad como ninguna otra. Esta vez seremos los elementales y bastará.La comida nos salvará más que nunca. Para ello habremos de cocinar con alegría y ponerle intención a la comida; llenarla de eso que nos deseamos a nosotros y a la familia. Nos reuniremos alrededor de un pavo horneado con amor, de esa pasta por la que esperamos un año entero y que nos sabe a paz. Nos tomaremos un momento para agradecer lo que sí tenemos: la abuelita que aún sonríe en un extremo de la mesa, la ensalada de manzana que este año quedó más rica, la hermosa llegada de Ana a la familia, el olor a pay de manzana que llena la casa.Dicen que la comida no hace milagros –o sí, aunque nadie lo ha documentado– pero es el vínculo más inmediato con la vida. Cenar rico puede hacernos olvidar el miedo. Además, como en las películas, puede ser el inicio de nuestro propio cuento navideño al que probablemente le falten los villancicos, la nieve o la gente, pero le sobre emoción.Y si todavía no están convencidos de que la comida salva les quiero compartir mi propia historia de Navidad, una en la que un plato de bacalao me devolvió la esperanza. Y sí, ya les conté el final.**************El aroma del bacalao siempre me lleva a ese veintidós de diciembre en el que mi mamá y mi tía cocinaban varios platillos a la vez. Mi abuelita llevaba dos semanas grave. Ellas, tan expertas en la cocina, flaqueaban casi imperceptiblemente: a veces se les caían cosas al piso, se les olvidaba poner ingredientes, los intercambiaban. La tristeza no le impediría a la familia Molina celebrar la Noche Vieja.En esa cocina las ollas sobre el fuego eran la única señal de vida. La de barro llevaba horas borboteando. Como cada año, era tan grande que le cabía bacalao para alimentar a más de quince durante la cena y el recalentado y rellenar un bote de yogurt para que cada familia se llevara. De la cazuela emanaba el olor a los ajos fritos en el aceite, el sofrito de jitomate con las cebollas y las aceitunas, al pescado previamente desalado. En otras palabras, olía a Navidad. Mi abuelita mientras tanto estaba en su cuarto. No lo sabíamos, pero le restaban unas pocas horas de vida. Recuerdo que entre la pelada de papas y manzanas me escabullí de mis labores de cortadora oficial para ir a verla. Apenas entré, la vi enderezada. Algo la tenía en alerta y mi corazón lo sintió. Mi abuelita inspiró profundamente y con voz grave desde su cama me dijo: –“Dile a tu mamá que a ese bacalao le hace falta sal”. Confieso que me quise reír. Nunca vi venir esa afirmación y menos en el contexto. Para mí, no hay un momento de más lucidez.Corrí hasta la cocina, llegué al bacalao. Tomé una cucharada y ¡rayos!, efectivamente le hacía falta sabor. Tomé un par de puñitos de sal y los fui integrando hasta sentir que estaba en su punto. Noté que el olor cambió. Ella lo sabía: conocía a la perfección a qué debe oler un bacalao hecho para sacar suspiros.Esa tarde mi abuela se devoró una torta de bacalao. Fue lo último que pidió. El veinticuatro pasamos la Navidad como pudimos, ya sin ella. A penas en el recalentado me entraron ganas de volver a probar el guiso. A la primera mordida conecté con la esperanza, con el legado de mi abuelita, con eso que resultó ser mi última experiencia con ella. En ese momento tuve una revelación: quería que la cocina y la comida se convirtieran en mi vínculo con la vida y con mis ancestras. A los pocos meses dejé mi trabajo y diez años después, me dedico plenamente a la comida. La comida del corazón salva, cura, da esperanza. Y eso es justo lo que deseo para ustedes: que haga su magia en sus mesas, en su noche, en sus días. ¡Feliz Navidad!
El delicioso ponche navideño siempre cuenta con una porción de caña, que a todos nos gusta mordisquear para sacarle el sabor, pedacitos de manzana, de guayaba, pero también suele traer una fruta que muchos hacemos de lado: el tejocote.Nativo de México y de Guatemala, el tejocote crece en un árbol llamado manzanillo y aquí en México se produce en Guerrero, Oaxaca, Jalisco, Michoacán y Durango. También es conocido como manzanita o manzana de la inda y aunque puede que no sea tu fruta favorita, si este diciembre te lo encuentras en un ponche, no le hagas el feo, porque tiene muchos beneficios para ti.Beneficios del tejocoteComo fruta, el tejocote cuenta con varios elementos nutritivos y beneficiosos para el cuerpo humano: Contiene vitamina C. Los tejocotes son ricos en vitamina C, la cual está relacionada con la mejora de las defensas y el sistema inmune que previene enfermedades.Contiene calcio. El calcio es un mineral indispensable para nuestro cuerpo, pues está relacionado con varios procesos importantes, como la contracción muscular o el funcionamiento del sistema nervioso, por ejemplo.Contiene vitaminas del complejo B. Entre sus funciones, estas vitaminas ayudan a formar los glóbulos rojos y ayudan a prevenir enfermedades.Contiene hierro. Entre las funciones del hierro se encuentra una principal: llevar el oxígeno a todo el cuerpo y formar glóbulos rojos.Pero el tejocote no sólo es muy nutritivo, también tiene otros usos medicinales e incluso cosméticos, farmacéuticos y textiles debido a su alto contenido en pectina.Los otros usos del tejocote incluyen alimentos para el ganado (para los cuales se utilizan las hojas y frutos) y usos medicinales tradicionales; por ejemplo, la infusión de raíz del tejocote se usa como diurético y como remedio para la diarrea, y las preparaciones a base de la fruta son un remedio para la tos.Aunque es pequeña, esta fruta mexicana típica de la temporada decembrina contiene grandes beneficios, usos y propiedades que seguro no imaginabas.
El martes México perdió algo: un fogón irreemplazable se nos apagó para siempre. Yuri de Gortari, uno de los grandes investigadores y divulgadores de la gastronomía mexicana, dejó el plano terrenal. Algunos tuvieron la fortuna de llamarlo maestro. Yo no la tuve. Cada año pensaba que ahora sí tomaría el Diplomado de Cultura y Gastronomía Mexicanas y no sucedió. De él me queda al menos el recuerdo de su voz pausada y sus comentarios agudos cuando pude entrevistarlo. Yuri de Gortari fue un letradísimo personaje de la cultura mexicana que desenvainó la espada por la cocina que a muchos avergonzaba antes de la declaratoria de la UNESCO y del boom mediático: antes de los World’s 50 Best Restaurants, de los Enrique Olvera, de los Jorge Vallejo. A él le tocó confrontar a personajes que llamaron ‘poca cosa’ a la cocina mexicana y a quienes se referían a un taco como un gesto culinario vulgar. A Yuri le apasionaron las minucias del paso a paso, los ingredientes endémicos, las personalidades que resguardaban el saber culinario, las recetas que se transmiten como ADN sagrado. Bajo el grito de guerra #hagamospaís, él y su pareja Edmundo Escamilla, reclutaron en sus filas a alumnos, amas de casa y cocineros que como ellos tuvieron la convicción de salvar la cocina mexicana del desuso, del ‘mexican curious’. En la institución que fundaron, la Escuela de Gastronomía Mexicana (ESGAMEX), enseñaron sobre aquello a lo que había que ponerle una lupa grande en la cocina nacional: desmenuzaron sus técnicas, sus regiones y preparaciones, sus periodos históricos. Claudio Poblete, periodista, director y fundador de Culinaria Mexicana, apunta que “Yuri y Edmundo, al fundar ESGAMEX, pusieron la primera piedra en los planes de estudios formales de la cocina mexicana”. ¿Qué más trascendente que eso? Claudio comenta además que la mejor forma preservar su legado sería que, “se instituya la cátedra Yuri de Gortari en todas las universidades gastronómicas de México y que haya por lo menos un año de clases de cocina mexicana con su método de enseñanza”. Hay quienes el martes perdieron una fuente de sabores entrañables. Su amigo Alejandro Cabral afirma que de la mano de Yuri no sólo probó la mejor cochinita de su vida, sino que tuvo un instante de revelación: “Hizo las tortillas y luego les puso un poco de manteca. Las tortillas estaban apiladas para mantener su calor y así la manteca iba derritiéndose. Las comí con frijoles refritos –unos que hacía en manteca hasta que se iban secando–. El sabor de los frijoles combinados con el maíz y la manteca me hicieron llorar”. La gente que conoció a Yuri afirma que nadie defendía la cocina mexicana de las muletillas y las modas pasajeras como él. Hablan de su coherencia en la forma de mirar, decir y hacer cocina, siempre en función de preservar las tradiciones. Sus ideas firmes le significaron partidarios y detractores. “Yuri y Edmundo eran fieles a sus principios y no comprometían su visión de la cocina nacional ante ninguna visión comercial”, comenta Claudio Poblete.Desde el martes, los que tomaron clases con él y los que no recordaremos a Yuri por sus programas interesantísimos en el Canal Once, por su saber en libros como El maíz de boca en boca, Recuerdos de chocolate y Guisos y golosos del barroco, por ser el gran estudioso de la gastronomía mexicana y por dignificar lo nuestro. Lo recordaremos porque cuando éramos libres y salíamos de viaje había alguien que ya sabía que México no sólo vivía de nachos y chimichangas. Divulgadores como él nos hacen llevar con orgullo la camiseta, el mandil y el huipil.Fotos: Bertha Herrera
Los beneficios del aguacate no sólo se limitan a consumirlo como alimento, pues estos se extienden a tu piel con esta mascarilla casera de aguacate, que te ayudará con cualquier problema de resequedad que tengas.El aguacate está lleno de nutrientes, por ejemplo, es una gran fuente de grasas monoinsaturadas y vitamina E, la cual es antioxidante. Por otra parte, las grasas saludables que contiene funcionan muy bien cuando se aplica sobre la piel, pues los aceites naturales la nutren e hidratan. También están llenos de antioxidantes y vitaminas que pueden ayudar con el enrojecimiento y la inflamación.Cómo hacer una mascarilla de aguacate para el rostroPara hacer esta mascarilla necesitarás una licuadora y lavar tu rostro antes. Los ingredientes que usarás son los siguientes:1 aguacate maduro1/3 taza de yogurt natural2 cucharadas de miel1 cucharada de jugo de limónSimplemente licúa todos los ingredientes a una licuadora y mezcla hasta obtener una consistencia suave. Aplícala de manera generosa en el rostro y el cuello, y déjala reposar durante unos 20 minutos antes de enjuagar con agua tibia.Aparte de los beneficios del ingrediente principal, la miel puede ayudar con una variedad de problemas de la piel, incluidos el acné, el eccema, la psoriasis y la inflamación.Por su parte, la textura cremosa del yogur puede ayudar a retener la humedad y potencialmente iluminar la piel. Algunas investigaciones sugieren que incluso puede ayudar a igualar el tono de la piel.Finalmente, el jugo de limón aporta vitamina C, un antioxidante y un agente abrillantador, y ayuda a darle a la piel un brillo impecable y a evitar que los aguacates se oxiden.Un truco extra es añadirle hojuelas de avena, pues sus propiedades antiinflamatorias pueden ayudar a calmar y tratar la piel, y así aumentar la efectividad de la mascarilla. También puedes meterla al refrigerador unos minutos antes de usarla, para que además te ayude a reducir los poros y aliviar las líneas finas y las arrugas.¿Sabías que los nutrientes del aguacate también se pueden aprovechar en té y agua? Con esta fruta nada se desperdicia y puedes hacer té de hueso de aguacate o agua de aguacate también.
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