#VIDEO Un truco para recuperar un plátano negro con un secador de cabello
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#VIDEO Un truco para recuperar un plátano negro con un secador de cabello

Por Kiwilimón - July 2015
Resulta penoso tener que tirar los plátanos maduros a la basura cuando están muy negros porque nadie se los quiere comer. Puede ser que no estén malos realmente pero hay que aceptarlo, no se nos antojan para nada. No obstante, existe una forma casi milagrosa de recuperar un plátano y desaparecer por completo las manchas negras. Este truco fue probado por Brandon Queen quien subió a su canal de YouTube un video donde prueba que este truco funciona. Con solo una bolsa de plástico hermética, dos o tres tazas de arroz y un secador de cabello. Para lograrlo, hay que vaciar el arroz en la bolsa de plástico y luego introducir el plátano de modo que el arroz lo envuelva completamente. Se deja reposar una hora para que el arroz atrape la humedad.  Pasado el tiempo, el plátano seguirá teniendo las machas negras y será momento de —por extraño que parezca— darle aire caliente con el secador de cabello.  Aquí te dejamos el video para que mires con tus propios ojos la forma en la que el plátano vuelve a estar radiante y delicioso. Que lo disfruten. Ver artículo original
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El caldo de camarón es una entrada común en muchas mesas mexicanas en las fiestas decembrinas, con su sabor picoso y su calor, es perfecto para este tipo de celebraciones o para cualquier día especial.Pero el caldo de camarón no es la única receta con este marisco que es un gran platillo para celebrar en familia. Los carídeos, gambas o esquilas van muy bien con pastas, por ejemplo, que también son platos muy fáciles de preparar y combinar con las cenas decembrinas. A continuación, te dejamos algunas ideas de recetas navideñas con este marisco.Pasta con camarones al ajilloLa pasta farfalle es la que comúnmente conocemos como moñitos, así que esta receta queda espectacular para la cena de Navidad, además de que es fácil, práctica y sobre todo, rendidora. Esta pasta tiene ese toque gourmet especial para la ocasión.Paella de marisco y carneAsí como el bacalao, la paella es una receta española que bien puede maridarse con tu cena navideña, pues el arroz rendirá mucho, tiene ingredientes sencillos y fáciles de conseguir y lleva carne, camarones y almejas.Empanadas de camarónOtra opción de entrada con camarones además del caldo son unas deliciosas empanadas, fritas y servidas con mayonesa, salsa cátsup, salsa picante, aguacate y limón. Además de empanadas de camarón, puedes aprovechar la masa con otros rellenos y así tener mucha variedad en el primer tiempo de la cena.Ensalada verde con camaronesOtra opción más ligera con camarones es esta ensalada baja en calorías y baja en carbohidratos, que no sólo funciona bien como entrada, sino también como guarnición para tu cena. Lleva lechuga, espinacas y arúgula, así que además es muy nutritiva.Camarones en salsa de mango y chipotleSi pensabas que ya habías probado todas las recetas con camarón, entonces tienes que probar esta, en la que los camarones van glaseados con una salsa cremosa y tienen un sabor único. Esta es una de las recetas fáciles de camarones que podrás preparar en tan sólo ¡20 minutos! ¿Te imaginas tener uno de lo platillos de la cena Navideña en tan poco tiempo?Como entradas, platos fuertes o guarniciones, estas recetas con camarones son una opción diferente para esta Navidad, si eres de los que comen caldo de camarón en estas fechas.
En Perú me enamoré dos veces. La primera fue con las montañas, en el camino de seis meses que tracé de Cusco a Chiclayo. La segunda, más reciente, en una visita de diez días a Lima y Nazca. El motivo era casi contrario: en esta ocasión quería comerme la capital a mordidas. A la par extrañaba el acento, los huaynos, la cerveza Cusqueña, los chifles de la calle; en fin, extrañaba mi Perú. Pasadas las primeras veinticuatro horas de mi llegada no había duda: la cocina peruana me había reconquistado. En ese entonces su gastronomía ya había explotado como bomba ante la crítica mundial: por todos lados era reconocida como una de las más complejas y, claro, como una de las mejores. Después de recorrer prácticamente todo el país entre mi primera y segunda visita, lo que más añoro de la cocina peruana son los sabores del humo de la serranía. La pachamanca (manjar de carnes y verduras cocinadas bajo la tierra) me sabe a los Andes cuando sus picos inasequibles eran la cobija de mis noches. Lo relaciono con el recuerdo de las edificaciones monumentales incas, con su energía mística y abrumadora. Ahí, a más de 2400 m de altura, la cultura podía disfrutarse en un potaje denso donde no faltaba la papa, el ají, el huacatay. Jamás me he comido una palta (aguacate) más grande o una piña más dulce que las que probé allá en las alturas.Pero las regiones en Perú dividen los hallazgos. La accidentada geografía, los asentamientos y las migraciones terminaron por agrupar sus preparaciones: las hay marinas, las hay fusión –chifa y nikkei– andinas, criollas, africanas, amazónicas... Rico por donde se le vea. La más laureada quizá sea la cocina marina:es una ceremonia rendida al inmejorable producto de las corrientes frías de Humboldt en el Pacífico y adicionada casi siempre con toques orientales. Como en todos los países lo esencial se concentra en la capital. Hay que esquivar puestos y personas en las banquetas para llegar al ceviche o la leche de tigre más fresca en el Mercado no. 1 de Surquillo. Para un buen comilón de cocina china se toma camino al centro y se llega a San Joy Lao –imperdible el arroz chaufa de charqui y chanchito–. En barrios como Miraflores y San Isidro están las joyas intelectualizadas de los grandes chefs locales como Virgilio Martínez de Central, Pía León de Kjolle o mi gran favorito, Mitsuharu Tsumura de Maido, que lleva a la cumbre los sabores nikkei (mitad peruanos, mitad japoneses). Imposible dejar de mencionar a Astrid y Gastón de Gastón Acurio, el gran caudillo de la gastronomía peruana por el mundo; los sitios relativamente nuevos como Osso o los de siempre como Fiesta.Atrás nunca se quedan los guisos de las picanterías, los picarones que se consiguen en las tiendas cuando es temporada, y los anticuchos de las esquinas que lo encuentran a uno cuando lleva puesta la madrugada. Su olor a carne especiada hecha al carbón llama lo mismo que un anuncio gigante de neones. En las picanterías convergen los saberes de la cocina popular. Me da nostalgia pensar en sus chicharrones, sus chupes (caldos)– y sus patitas de chancho. En estos pequeños locales generalmente resguardados por una matriarca se recoge el génesis de la gran gastronomía peruana y las técnicas transmitidas por generaciones. Son de tanto valor las picanterías que varios distritos las han declarado Patrimonio Cultural de la Nación. La cocina peruana no se salva de lo exótico, lo intrincado. ¿Alguna vez han probado carne de llama, alpaca o cuy? En algunas zonas de Perú son un manjar. Y es que la textura de la alpaca es inigualable, se deshace a penas se le hinca el tenedor. Para mí era todo lo que pedía –y uno o dos pisco sours– tan pronto volvía al Cusco cada viernes, después de una semana internada en las montañas. A la cuenta faltan mil guisos, decenas de bebidas, postres que hacen suspirar y las preparaciones de regiones como Chiclayo o Arequipa. Trataré de hablar de todo en otras cartas editoriales. Tal vez con palabras pueda expresar todo el amor que siento por esta cultura y su comida. Mientras tanto, les comparto con todo cariño y respeto, una receta originaria de la ciudad de Huancayo y un imperdible de los restaurantes de Lima: la papa a la huancaína. La preparación original lleva obviamente ají amarillo, aunque aquí la hicimos con pimiento amarillo para que las cocineras de casa pudieran encontrarlo fácilmente. ¿Les digo algo? ¡Quedó buenaza!
La Perla del Pacífico, Mazatlán, cautiva desde el primer paso. Por algo fue reconocido en este 2020 como el mejor destino de México y Centroamérica, de acuerdo a los World Travel Awards, que eligen especialistas en la hospitalidad que incluyen el Consejo Mundial de Viajes y Turismo. ¿Pero qué es lo que distingue a este puerto del estado de Sinaloa? Sus bellas playas, sin duda, son un factor determinante, pero también lo son sus personas, sus usos y costumbres y, especialmente, su rica gastronomía. Aquí les compartimos algunos de los lugares icónicos para disfrutar sabores que seguro conquistarán tu corazón y te harán querer volver en cualquier oportunidad.Nieves de garrafa Medrano¿Y tu nieve de qué la quieres? Con Gilberto Reyes Gamboa podrás responder que con más de doscientas opciones diferentes y deliciosas (te prometo que como nunca las has probado). No se trata sólo de que su historia empezó en 1938, sino que Gilberto es todo un ejemplo de trabajador mexicano que ha labrado y cultivado su negocio con amor. Él empezó a laborar aquí desde los 12 años con el propietario anterior, quien le pagaba 5 pesos al día por vender las mejores nieves del país y aprender sus secretos. Cuando Gilberto se casó dejó su empleo en busca de más fuentes económicas para sustentar a su familia, hasta que en 1971 su antiguo patrón, al no poder trabajar más, le ofreció el negocio, mismo que ha mantenido con el recetario que le dejó con alrededor de 200 recetas diferentes hechas con frutas, cremas y semillas. Nieves Medrano (llamada así por por situarse en la esquina de la famosa Ferretería Medrano) oferta cada temporada nieves de: ciruela, nuez (con trozos enteros), higo o dátil para el frío, y de mandarina, limón, hierbabuena y toronja para el calor, por mencionar sólo algunas. Hoy, él reconoce que atender el negocio es su mayor felicidad, en compañía de sus hijos y nietos, quienes desde temprano están con Gilberto sonriendo a todos los visitantes de este tesoro del Pacífico. Encuéntralas en: @nieves_garrafa_medrano Dirección: Aquiles Serdán, atrás del parque Martiniano CarbajalHorarios: 11:30 am a 9 pmGrykos, los esquimos mazatlecas que llegaron de GreciaNada mejor que un buen esquimo de chocolate. Temistocles Kollias Kiriazi, originario de Grykos, Grecia, llegó en 1920 a Mazatlán y decidió hacer de este paraíso su morada. En 1934, puso su puesto a las afueras del Mercado Pino Suárez para preparar esta refrescante bebida espumosa de leche con sabor a chocolate. A su muerte, su familia ha continuado por cuatro generaciones con el negocio, el cual ya cuenta con su local dentro del mercado, tanto mazatlecos como turistas de todo el mundo lo visitan para probar esta bebida con más de 80 años de tradición. Encuéntralos en: @GrykosDirección: Mercado Pino SuárezCremería del Pueblo “México está en sus mercados”, versa Pablo Neruda. Y es cierto, nada como la cadencia de sus marchantes, sus historias, su ritmo y los colores de sus productos. El Mercado Pino Suárez, instalado en la zona centro de Mazatlán desde 1900, alberga historias y productos increíbles: comida, artesanía y cenadurías (fondas o pequeños restaurantes para comer). Para muestras, un botón: Cremería del Pueblo se distingue por los mazatlecos por sus frijoles puercos, sus salsas, su chorizo de Rosario y sus deliciosos patés de marlín y camarón. Rosario García y Miguel Millán llevan las riendas del negocio. Ella cocina cada día estos exquisitos productos desde hace 36 años y continúa la herencia de sus padres Sebastián García (q.e.p.d.) y Rosalba Granados, quienes empezaron vendiendo en una mesita a las afueras del mercado huevos y tomates de su lugar de origen, El Verde Concordia, Sinaloa. “Mis padres trabajaron 35 años Cremería del Pueblo, empezaron con su mesita, pero su arduo esfuerzo les permitió conseguir un crédito para su primer local dentro del Mercado, el cual era ⅓ parte de lo que hoy nos distingue”. Dirección: Mercado Pino SuárezSi estas tres opciones no te son suficientes, te invito a visitar Mazatlán. Amarás esta tierra de sabores irrevocablemente.
Los retiros de silencio son una experiencia curiosa. A la hora de la comida no hay lugar para los “qué rica sopa”, los “me pasas la sal” o los “ay, esa salsa pica mucho”. Aunque parezca una obviedad no queda otra que ponerle atención al alimento. Recuerdo que mi primera vez tenía al frente una sopa de espinacas con trocitos de papa y una diminuta brunoise de zanahorias. Las instrucciones de mi guía de meditación eran claras, había que observarlo todo: la forma de cada verdura, la caprichosa distribución en la que los ingredientes se acomodaban en el plato. Los olores no se salvaban. Había que concentrarse en las notas de la espinaca cocinada, el aroma del tiempo. Y por supuesto, ya en la boca, sentir cada ingrediente, cada combinación lograda en el asar de una cucharada. La experiencia fue iniciática. Hace unos días pude repetir la emoción. Esta vez fue en un centro de medicina ancestral en el que había que comer en conciencia. Ana, la chef, lleva años confeccionando combinaciones de recetas que luego prepara de forma consciente y sirve para placer de los visitantes. Eva Solís, la Abuela, es la fundadora de este espacio y la creadora del libro ‘Comida que cura’. Y es que ya lo dice una cita bíblica en Proverbios, “las palabras amables son como la miel: dulces al alma, saludables para el cuerpo”. Para la Abuela, las plantas, las frutas, y todo lo que procede del reino vegetal tiene el poder de reaccionar frente a las energías que les ponemos a través de la intención.Quizás parezca la formulación de un pase mágico –es más, probablemente lo sea– pero hay un arte en eso de convertir los ingredientes más sencillos en manjares para el alma. Explicado de otra forma, el ritual es similar al que hacemos cuando le cantamos o le hablamos bonito a una planta: crece más y crece mejor. La Abuela explica que las palabras y la intención transforman un platillo en una medicina poderosa. ¿Salsa para estimular la felicidad? ¿Sopa de chícharo para lograr la quietud? Así, tal cual. El rezo comienza al cocinar: se agradece a cada integrante de la receta, así como a las personas que tuvieron que ver con ellos –agricultores, distribuidores, vendedores– desde el campo hasta el momento de cocinarlos. Al final, “la importancia de ofrecer una comida que cura es que podemos elevar la vibración energética y el estado de ánimo de nuestras familias”. Eso sí. Hay que ser sabios ante nuestro marchante de confianza. “La selección de los ingredientes en un platillo que lleva la intención de sanar comienza con la compra de alimentos vivos y productos no procesados como materias primas”. Luego es importante lograr las combinaciones correctas. Aquí no aplica eso de que todo cabe en un jarrito sabiéndolo acomodar. Para la Abuela –tal como también lo dicta la tradición Ayurvédica– hay que aprender sobre la química que se despierta en los alimentos al unirlos. “Combinar los alimentos de manera adecuada permite una mejor digestión, una adecuada evacuación y una desintoxicación continua. Lo contrario produce enfermedad”, afirma la Abuela en su libro.Laura Esquivel en ‘Como agua para chocolate’ hace uso de hipérboles para explicar cómo los sentimientos de la cocinera –de la entrañable Tita– se trasladan al platillo y a los comensales: desde a unas codornices con pétalos de rosas hasta a una rosca de reyes. Para la Abuela no es una exageración: “Quienes cocinamos debemos tomar consciencia de cómo estamos al momento de estar frente al fogón. Si estoy triste, enojada o con prisa, eso mismo daré de comer a mi familia”. Para ella, la vibración que tenemos le confiere al plato una emoción, así que más vale estar conscientes al momento de cocinar. Luego viene la degustación consciente. La Abuela recomienda estar en silencio y con los ojos vendados. Retomar el uso de las manos para ponernos en contacto directo con los ingredientes; percibir sus texturas, formas, tamaños y temperaturas. Así, en total atención investigar con la nariz y la boca los insumos que tenemos frente a nosotros. Probar, disfrutar, detenerse en ese dulce momento. El ejercicio meditativo tendrá una ventaja adicional: “Al degustar conscientemente, la orden de saciedad llega más pronto al cerebro y, por tanto, requeriremos comer menos. Lo contrario sucede cuando comemos leyendo, chateando o pensando en lo que tengo que hacer”. Por último, para que tu comida se convierta en un medio para curarte, purificarte y renovarte, la Abuela recomienda bendecir y agradecer por eso que terminó en un plato precisamente para ti. Esas acciones que parecen insignificantes “son los pilares que sustentan la abundancia, el flujo equilibrado entre el dar y el recibir”. Comer así, en total conexión, nutrirá más que solo tu cuerpo físico.
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